<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<!DOCTYPE article
  PUBLIC "-//NLM//DTD JATS (Z39.96) Journal Publishing DTD v1.1 20151215//EN" "https://jats.nlm.nih.gov/publishing/1.1/JATS-journalpublishing1.dtd">
<article article-type="research-article" dtd-version="1.1" specific-use="sps-1.9" xml:lang="es" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink">
	<front>
		<journal-meta>
			<journal-id journal-id-type="publisher-id">contlat</journal-id>
			<journal-title-group>
				<journal-title>Contextualizaciones Latinoamericanas</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Context. Latinoam.</abbrev-journal-title>
			</journal-title-group>
			<issn pub-type="epub">2007-2120</issn>
			<publisher>
				<publisher-name>Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos</publisher-name>
			</publisher>
		</journal-meta>
		<article-meta>
			<article-id pub-id-type="doi">10.32870/cl.v1i28.7983</article-id>
			<article-categories>
				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>Región Latinoamericana: Economía, Política y Sociedad</subject>
				</subj-group>
			</article-categories>
			<title-group>
				<article-title>Signos, símbolos y significados de género como organizadores del proceso de trabajo entre edecanes.</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en">
					<trans-title>Signs, symbols and meanings of gender as organizers of the work process between hostesses.</trans-title>
				</trans-title-group>
			</title-group>
			<contrib-group>
				<contrib contrib-type="author">
					<name>
						<surname>Sánchez Correa</surname>
						<given-names>Fabiola</given-names>
					</name>
					<xref ref-type="aff" rid="aff1"><sup>1</sup></xref>
				</contrib>
				<aff id="aff1">
					<label>1</label>
					<institution content-type="original"> Doctora y maestra en Estudios Sociales con especialidad en Estudios Laborales por la Universidad Autónoma Metropolitana. Licenciada en Antropología Social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia en la Ciudad de México. Áreas de investigación: trabajos en los servicios, informales, precarios, flexibles, subjetividades laborales e identidad de las y los trabajadores. Actualmente incursiona en trabajos corporales, emocionales, estéticos y performáticos. Correo electrónico: elizaludd@gmail.com.</institution>
					<institution content-type="normalized">Universidad Autónoma Metropolitana</institution>
					<institution content-type="orgname">Universidad Autónoma Metropolitana</institution>
					<country country="MX">Mexico</country>
					<email>elizaludd@gmail.com</email>
				</aff>
			</contrib-group>
			<pub-date date-type="pub" publication-format="electronic">
				<day>21</day>
				<month>12</month>
				<year>2024</year>
			</pub-date>
			<pub-date date-type="collection" publication-format="electronic">
				<season>Jan-Jun</season>
				<year>2023</year>
			</pub-date>
			<volume>1</volume>
			<issue>28</issue>
			<fpage>21</fpage>
			<lpage>34</lpage>
			<history>
				<date date-type="received">
					<day>10</day>
					<month>03</month>
					<year>2022</year>
				</date>
				<date date-type="accepted">
					<day>02</day>
					<month>08</month>
					<year>2022</year>
				</date>
			</history>
			<permissions>
				<license license-type="open-access" xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/" xml:lang="es">
					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
				</license>
			</permissions>
			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p>Presentamos en este artículo un análisis desde la antropología simbólica sobre el universo de sentido que se encuentra en el centro de la producción del trabajo de las edecanes en México. A través del estudio de caso fue posible dilucidar que el proceso de trabajo, recrea, a partir de la conjunción de trabajadoras que poseen determinadas habilidades, talentos y características fenotípicas, ordenamientos de género vinculados a la feminidad, que operan no solo para organizar a las trabajadoras y segmentar el trabajo, sino que son un apoyo para la reproducción del orden social. Se presentan los hallazgos sobre cuatro construcciones sobre la feminidad que fue posible reconocer a partir del estudio de los signos, símbolos y significados implicados en la organización del trabajo de las edecanes. El referente empírico es un conjunto de entrevistas y el análisis visual de imagen y video. La perspectiva metodológica es cualitativa e interpretativa.</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>This article analyzes from the symbolic anthropology, the work of hostesses in Mexico. Through the work process and the characteristics of the workers to enter the activity, it was found that femininity constructs organize work and reproduce social order. The findings of four recognized constructions of femininity are presented through the analysis of the signs, symbols and meanings involved in the organization of work. Interviews, image and video analysis were conducted. The methodology is qualitative and interpretive.</p>
			</trans-abstract>
			<kwd-group xml:lang="es">
				<title>Palabras clave:</title>
				<kwd>Antropología simbólica</kwd>
				<kwd>Estudios laborales</kwd>
				<kwd>Trabajos estetico-corporales</kwd>
				<kwd>Trabajo emocional</kwd>
				<kwd>Edecanes</kwd>
			</kwd-group>
			<kwd-group xml:lang="en">
				<title>Keywords:</title>
				<kwd>Symbolic anthropology</kwd>
				<kwd>Labor studies</kwd>
				<kwd>Aesthetic-corporal work</kwd>
				<kwd>Emotional work</kwd>
				<kwd>Hostesses</kwd>
			</kwd-group>
			<counts>
				<fig-count count="1"/>
				<table-count count="0"/>
				<equation-count count="0"/>
				<ref-count count="23"/>
				<page-count count="14"/>
			</counts>
		</article-meta>
	</front>
	<body>
		<sec sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
			<p>En este artículo se analiza, desde la antropología simbólica, algunos aspectos del trabajo de las edecanes en México. La intención fue realizar un análisis cultural al desentrañar los significados que subyacen a la organización de la actividad y a la realización del proceso de trabajo de las edecanes. Se buscó analizar dicha actividad a través de la comprensión de producción de sentido dentro del universo simbólico que se configura en el campo de trabajo. Los hallazgos corresponden a una investigación de tesis de doctorado en la que se estudió las relaciones laborales, los procesos y las condiciones de trabajo de estas trabajadoras. Sin embargo, el marco general de la investigación fue el paradigma interpretativo con el cual se comprende lo social a través del análisis de los fenómenos subjetivamente significativos de la acción social (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Velasco, 2012: 205-211</xref>).</p>
			<p> Para desentrañar el universo simbólico de la actividad, recurrimos a las perspectivas del trabajo estético, corporal, emocional y de performance, con las cuales reconocimos que la actividad gestiona un conjunto de componentes sensibles, que forman parte de las habilidades, talentos y características que poseen las trabajadoras edecanes y que conjuntamente tienen la finalidad de componer una escena laboral para interpelar a los consumidores y así incentivar la compra de productos y servicios. El interés del artículo es mostrar que en el centro de la creación de esta escena se encuentra los ordenamientos normativos del género femenino representados simbólicamente, a partir del cual se organiza el campo de esta actividad: la organización de las trabajadoras y la segmentación del proceso de trabajo. El análisis de esta actividad nos develo cuatro ordenamientos simbólicos sobre la feminidad en la vertiente del universo de lo erótico, hallazgo que exponemos en este artículo.</p>
			<p> La investigación se llevó a cabo a través de la realización de entrevistas a edecanes, representantes de agencias y retomando perspectivas de otros sujetos fuera de la actividad - estas últimas recopiladas mediante fuentes virtuales. A través de entrevistas estructuradas, semiestructuradas y encuentros informales en los espacios de trabajo pude realizar observaciones discretas y flotantes (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Pétonnet, 1982</xref>), que se registraron en diario de campo, acerca de cómo se lleva a cabo el proceso de trabajo y las interacciones entre trabajadora, empleadores y consumidores. Asimismo se realizó el análisis de imágenes fotográficas y videograficas ofrecidas por las propias agencias a través de la red para complementar las narraciones orales de las personas entrevistadas en lo que respecta a los criterios de contratación de las trabajadoras y las significaciones asociadas.</p>
			<p>Para entender cómo fue posible identificar los cuatro ordenamientos que describimos a continuación, el artículo tiene la siguiente estructura: en el primer apartado, contexto de la propuesta, se describe en qué consiste el trabajo de las edecanes y qué habilidades y características se requiere de ellas para realizar efectivamente su labor. En el segundo apartado se exponen la discusión sobre qué es el género y cómo nos permite entender el universo simbólico que configura la actividad. En el tercer apartado se presentan los hallazgos de cuatro ordenamientos simbólicos en torno a las concepciones normativas de la feminidad que se hallaron con el análisis del trabajo de las edecanes y, por último, un apartado de conclusiones en el cual se consideró pertinente hacer la aclaración de que las edecanes no se reducen a su performance laboral; son mujeres que día a día subvierten las condiciones de su trabajo, flexible y precarizado al cuestionar y accionar contra sus empleadores.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="discussion">
			<title>Contexto de la discusión. El trabajo emocional, corporal, estético y performático de las edecanes</title>
			<p>El trabajo de las edecanes descriptiva y sumariamente se lleva a cabo de la siguiente forma: Diversos tipos de marcas, empresas, negocios, contratan a trabajadoras - denominadas edecanes en México - quienes tienen como actividad laboral la promoción de diversos productos y servicios para que estos tengan una realización exitosa en el mercado. Las edecanes deben interpelar a través del trato directo a posibles consumidores para incentivar la compra. Asimismo, suelen ser contratadas para congresos o exposiciones en las cuales atienden a los visitantes, al brindar atención o información de diversa índole y así hacer operativos los diferentes eventos.</p>
			<p> Ahora, ¿cómo llevan a cabo esta actividad?, ¿qué elementos se requieren para qué su labor de promoción sea efectivo y cumpla su propósito? Para comprender esto, debemos partir de las reglas que se han establecido dentro del propio campo del edecanaje y que operan tanto en la construcción del mercado de trabajo, como en su organización y proceso. He recurrido a las perspectivas sobre el trabajo emocional, trabajo estético, trabajo corporal y trabajo de performance para comprender qué es lo que las trabajadoras realizan y qué habilidades ponen en juego.</p>
			<p>Todas estas perspectivas nos ofrecen herramientas para comprender trabajos en el ámbito de los servicios; el eje de estas propuestas sostienen que “hemos entrado en un nuevo modo de acumulación capitalista, en el que la plusvalía ya no se deriva principalmente de la explotación del trabajo físico del trabajador fordista de la línea de montaje […] la extracción de plusvalía exige la explotación y la implicación de las capacidades cognitivas, afectivas y cooperativas de los trabajadores contemporáneos en sus actividades productivas” (Moulier en <xref ref-type="bibr" rid="B13">Lane, 2016: 7</xref>, corchetes míos).</p>
			<p>Describimos que en el trabajo de las edecanes se da por parte de los empleadores una <italic>gestión multidimensional de componentes sensibles</italic> (Autor (a), aaaa) con lo cual nos referimos a que en esta actividad - y presumiblemente en otras - se gestionan elementos que son aprehensibles a través de los sentidos, elementos a los que tenemos acceso por medio del oído, de la vista, del tacto, la percepción y que estos no se reducen a un solo componente, sino que, a través de cada caso concreto, la/el investigador debe develar los componentes pertinentes que configuran la actividad concreta de análisis. Definimos específicamente para el trabajo de las edecanes la gestión de aspectos, emocionales, corporales, estéticos y performáticos.</p>
			<p> Para explicar la gestión que se lleva a cabo de aspectos emocionales, se recurrió a la perspectiva de <xref ref-type="bibr" rid="B10">Hochschild (2003)</xref>, quien define el trabajo emocional como aquel que requiere que “uno induzca o reprima el sentimiento con el fin de mantener el semblante externo que produce el estado mental adecuado en los demás, en este caso, la sensación de ser atendido en un ambiente agradable y cordial” (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Hochschild, 2003: 7</xref>). Es decir, el trabajo emocional se trata de cómo se controla la apariencia a través del manejo de las emociones. Para el caso de las edecanes encontramos tres formas de trabajo emocional:</p>
			<p>
				<list list-type="order">
					<list-item>
						<p>El trabajo emocional que realizan sobre su propia emoción, que deben exaltar u ocultar para que el performance sea lo más efectivo posible. Este aspecto, lo detallan las edecanes en sus propias palabras como mantener “una buena cara”, “ser amable”, “sonreírle a las personas”, “no puedes ser grosera con la gente” “ser ecuánime”, “ tener la mejor disposición del mundo”, “tratar de ocultar muchas cosas”. Al ser un trabajo interactivo en el que se producen ambientes festivos o sensuales con el fin de venta o promoción, las edecanes ponen en suspenso sus propios estados de ánimo con el objetivo de lograr los fines para los que fueron contratadas.</p>
					</list-item>
					<list-item>
						<p>La emoción que buscan crear en el público o los consumidores, para producir en ellos “un estado emocional” (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Hochschild, 2003: 147</xref>). Es decir, incentivar las emociones en los consumidores para que este se vea motivado a comprar. En palabras de las edecanes entrevistadas, esto consistiría en “darles esa felicidad”, “estar en un cien por ciento con ellos”.</p>
					</list-item>
					<list-item>
						<p>El trabajo emocional que deben realizar frente a situaciones incomodas en la interacción con el público o los consumidores, por ejemplo, los momentos de coquetería o directamente de acoso que son comunes en este trabajo, eventualidades que deben ser redirigidas por la edecán de una forma amable y sin mostrar ira, pues se concibe que ese tipo de atrevimientos por parte de los consumidores son parte de su actividad. Esto es expresado por parte de las edecanes entrevistadas como que “hay que aguantar las groserías”, “es algo a lo que te acostumbras” “no les prestas atención”, “con el tiempo ya no te molesta porque se te hace algo común”.</p>
					</list-item>
				</list>
			</p>
			<p>Ahora pasamos a la dimensión corporal del trabajo de las edecanes. Las perspectivas del trabajo corporal se centran en la apropiación de los cuerpos en los trabajos interactivos por parte de los empleadores “para aumentar las costumbres y las ganancias” (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Wolkowitz, 2006: 82</xref>) a través de una estética comercializable que se relaciona con la utilización de concepciones naturalizantes de género y de la sexualidad para atraer, halagar y convencer a los clientes de adquirir productos o servicios (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Wolkowitz, 2006: 81</xref>). Esté eje de análisis sobre el cuerpo en el trabajo considera “el tiempo, el esfuerzo y los recursos dedicados a mantener un estado particular de encarnación” (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Wolkowitz, 2006: 82</xref>).</p>
			<p>Encontré que el trabajo corporal que se requiere para poder participar en el mercado de edecanes es específico en tanto los empleadores detallan formas de cuidarlo y presentarlo a partir de indicaciones sobre tallas, medidas, formas del cuerpo, para segmentar la ocupación y pagar salarios de forma estratificada. Sumariamente - porque este aspecto requiere un artículo en sí mismo- las edecanes trabajan de manera segmentada a través de una organización piramidal. La pirámide, por lo regular está constituida de seis segmentos, aunque para los fines de exposición de este artículo consideraremos tres.</p>
			<p> Las trabajadoras en la base - primer segmento, denominadas edecanes A- son las de menor altura, entre 1.60 a 1.65 cm, con un cuerpo delgado pero menos voluptuosa las edecanes de segmentos superiores, es decir el trabajo corporal incorporado a través de dietas, ejercicios o cirugías no es tan pronunciado como en el siguiente segmento. Estas trabajadoras, dentro de las narrativas de las edecanes, son distinguidas como mujeres de la cuales “se busca belleza física pero no rasgos fuera de lo común”, “de buena presentación” de “bonita cara”, como mujeres “delgadas, que a simple vista se ven bonitas”. También se dice de ellas que “están bonitas de cara, pero no tienen cuerpazo, y tampoco tienen estatura”.</p>
			<p>Las trabajadoras del segundo segmento son denominadas edecanes AA. Regularmente, las edecanes doble A deben medir de entre 1.65 a 1.70 cm. Esas trabajadoras, como las anteriores, son descritas en las narrativas tanto de agencias como de edecanes como mujeres “muy lindas”, “con excelente presentación”, pero “no de rasgos excepcionales o fuera de lo común”, son “las chicas de batalla que no demerita belleza”. En este segmento se privilegian las formas curvilíneas del cuerpo, se espera que sean amplias de caderas y de pecho, y con una cintura delicada.</p>
			<p> Otros descriptores utilizados para este segmento de trabajadoras es el ser “más completas” porque tienen un “mejor perfil”; es decir son consideradas un poco más bellas y están “más producidas”. Estar “más producidas” dentro del mundo de las edecanes significa que ha realizado un trabajo corporal intenso; han invertido dinero, tiempo y esfuerzo en su estética corporal.</p>
			<p> El último segmento en el sistema clasificatorio jerarquizado es el de las edecanes triple A; son mujeres que suelen ser excepcionalmente altas, de 1.70 cm de estatura. Son caracterizadas como mujeres de “imagen perfecta”, “mujeres espectaculares”, de “belleza fuera de lo normal”, con “excepcionalidad en sus características físicas” de “magnífica presentación”, “atractivas, con personalidad”. Las edecanes triple A se dividen en dos sub-segmentos distintos, en función de sus características físicas y su trabajo corporal incorporado. En un conjunto de este segmento se espera que las chicas sean “excepcionalmente voluptuosas”, es decir, que sean muy amplias de pecho y de glúteos, es un sub-segmento en el que las cirugías estéticas están muy presentes, sobre todo con operaciones de pecho, glúteos, liposucciones, así como el disciplinamiento corporal a través de dietas y mucho ejercicio. Un segundo conjunto dentro del segmento de edecanes triple A se diferencian de las anteriores debido a que los criterios no suelen ser los de voluptuosidad, sino que se busca que sean chicas muy delgadas y altas, quienes más que trasmitir erotismo, se busca que sean capaces de desplegar elegancia o sofisticación.</p>
			<p>Adicionalmente, el trabajo corporal también se relaciona con que, para todas ellas, es importante ser delgadas, mantener un cabello largo, uñas largas, piel cuidada, es decir la actividad “requiere que las trabajadoras produzcan una estética femenina, que se vean «refinadas» y sexualmente atractivas, no solo limpias y presentables” (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Wolkowitz, 2006: 82</xref>). Esto se refuerza, con prendas de vestir, maquillaje y peinados que son parte de las <italic>reglas de exhibición corporal</italic> que establecen los clientes y que no son algo al margen de la actividad, sino que es parte del herramental estético para realizar el trabajo. Las trabajadoras suelen utilizar prendas, como faldas, shorts, ombligueras, trajes de licra, todas estas prendas ceñidas al cuerpo que resalten su sensualidad y sexualidad, así como tacones altos. Es importante presentarse maquilladas y con el cabello arreglado; todos componentes simbólicos para crear la fantasía de que están disponibles heterosexualmente.</p>
			<p>Ahora, la perspectiva sobre el trabajo estético pone de relieve un conjunto de elementos importantes que nos permitieron profundizar sobre la estratificación del trabajo según los criterios normativos sobre lo que se define bello de lo excepcionalmente bello dentro del trabajo del edecanaje y por lo tanto sobre los criterios de estratificación del trabajo.</p>
			<p>
				<xref ref-type="bibr" rid="B19">Ranciére (2004: 13)</xref> define la estética como “el sistema de formas a priori que determinan lo que se presenta a la experiencia sensorial” y las perspectivas del trabajo estético exploran cómo las mercancías o servicios pueden brindar experiencias estéticas a los clientes o usuarios a través de la manipulación consciente por parte de marcas o empleadores de su apariencia, su presentación, su color, forma; que determinen “las relaciones sensoriales que establece con su consumidor […] para excitar el deseo de posesión y compra” (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Da Cunha, Lima, Pádua, 2016: 138-139</xref>).</p>
			<p>La estética es también considerada como una manifestación que puede ser manipulada y controlada en la propia fuerza de trabajo, es decir “los empleadores movilizan, desarrollan y mercantilizan estas disposiciones incorporadas a través de procesos de reclutamiento, selección y capacitación, transformándolos en habilidades que están orientadas a producir un estilo de servicio que atraiga los sentidos del cliente” (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Witz, Warhurst, Nickson, 2003: 37</xref>). <xref ref-type="bibr" rid="B22">Witz, Warhurst y Nickson (2003: 37)</xref> define el trabajo estético como “la movilización, el desarrollo y la mercantilización de disposiciones incorporadas”. Sin embargo estas disposiciones “no se distribuyen socialmente por igual, sino que están divididas por clase, género, edad y posiciones o ubicaciones racializadas” (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Witz, Warhurst, Nickson, 2003: 41</xref>). Las perspectivas de trabajo estético, además de reconocer el papel de la sexualidad y la performatividad de género como los análisis del trabajo corporal pero añaden el papel de las disposiciones adquiridas en la infancia, el énfasis en la apariencia juvenil, y los factores de clase y la adscripción étnica o nacional en la variabilidad de composiciones fenotípicas.</p>
			<p>Tomando en cuenta esto, pueden identificarse pistas sobre qué significa para estas agencias diferenciar lo bello de lo excepcionalmente bello y que se fundamenta en significantes materiales (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Wolkowitz, 2006: 172</xref>) asociados con: a) aspectos etarios, es decir la vinculación entre belleza y juventud, b) aspectos de identificación étnica o fenotípica, como el color de piel, color de cabello y ojos y finalmente c) aspectos de pertenencia de clase, como es la elegancia, la distinción o el porte. Es decir, en esta actividad se observa cómo los componentes racializados, etarios y de clase sirven como significantes (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Witz, Warhurst y Nickson, 2003: 41</xref>) para mercantilizarlos en la prestación del servicio y para dividir por segmentos el trabajo, organizar la prestación del servicio y pagar los salarios estratificadamente.</p>
			<p> Esto pudo ser analizado a través de narrativas y especialmente a través de la observación de fotografías que ofrecen las propias agencias de contratación, en donde pueden reconocerse formas de apreciación y percepción que corresponden a estas normativas sociales, como el ideal de que la tez clara es mejor o más bella que una más oscura, o que unos ojos grandes y claros también lo son etc. Esto, por ejemplo en diferentes ofertas de empleo, suelen estar especificado en palabras de los empleadores de la siguiente manera: “latina internacional, muy guapas, de rasgos finos, tez blanca, cabello oscuro castaño o negro claro, buena presencia, no obesas” o por ejemplo también suelen declarar que “se requieren edecanes latinas morena clara tipo Polanco”, En ese sentido, en esta actividad laboral se refuerzan modelos de discriminación étnica y social.</p>
			<p> Por último la perspectiva sobre el trabajo de performance, nos permitió definir que todos estos componentes vinculados tienen la finalidad de la creación de una atmosfera de sentido mediante la actividad total de las edecanes para lograr una influencia sobre los clientes o usuarios para incentivar el deseo de posesión o compran a partir de este intercambio performativizado de emociones y afectividad. Para desarrollar esta idea nos servimos de la definición de <italic>performance</italic> de Goffman quien la define como “la actividad total de un participante dado en una ocasión dada que sirve para influir de algún modo sobre los otros participantes” (<xref ref-type="bibr" rid="B8">2001: 27</xref>) Durante una performance, el sujeto produce mensajes de diferente tipo, a saber: lo que dice verbalmente, lo que expresa su fachada personal, sus gestos, posturas, ademanes y el medio que lo rodea. Sin embargo es Nieto quien finalmente acuña el término de <italic>performance laboral</italic> para referirse a cómo “laboralmente se dramatiza el intercambio de emociones y afectividad” (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Nieto, 2017:40</xref>). Termino que utilizaré para explicar en qué consiste la dimensión performatica como proceso de trabajo de las edecanes.</p>
			<p> Encontramos que existen tres tipos de performance que las trabajadoras deben realizar y que despliegan según los diferentes espacios en los que sean asignadas para trabajar. Un grupo de trabajadoras deben crear atmosferas de elegancia, porte, distinción para los eventos considerados dentro del campo como de elite, como son exposiciones o pasarelas de moda. En espacios en donde acuden mayoritariamente hombres o en donde se venden productos o servicios asociados a lo masculino, las edecanes suelen crear atmosferas de sensualidad y erotismo a través de diferentes formas de utilización del cuerpo y de los significantes que envían los recursos ornamentales. Por último, en los espacios dirigidos al grupo familiar, en donde se venden productos del hogar, las trabajadoras deben crear atmosferas lúdicas, de diversión, alegría y gozo a partir de diferentes dinámicas de juego que las edecanes proponen.</p>
			<p> Al unir los elementos mencionados: la gestión de la amabilidad y la necesidad de reprimir emociones negativas, la disciplina del cuerpo, las reglas de exhibición ornamental; y la creación de ambientes de elegancia, lúdicos o eróticos; podemos afirmar que el producto final del trabajo de las edecanes es la creación de una experiencia significativa - fantasías de cercanía o intimidad- que derive en el consumo de un producto o servicio, mediante la producción de un <italic>performance de género.</italic></p>
		</sec>
		<sec sec-type="discussion">
			<title>Interpretación. Signos, símbolos, significados, y la construcción de género</title>
			<p>Para explicar esto, parece pertinente ocuparnos en este apartado de la discusión sobre qué es exactamente el género y qué respuestas nos permite llegar con el estudio de caso de las edecanes. Cómo se mencionó en el apartado anterior, las perspectivas del trabajo corporal y las del trabajo estético hacen énfasis que en los trabajos interactivos juegan las concepciones naturales del género en la configuración de dichas actividades, pero ¿de qué estamos hablando cuando utilizamos el concepto de género?</p>
			<p>Este es hasta la actualidad un concepto en construcción y que sigue siendo materia de debate, pero que nos permite dar respuesta y comprender la existencia y perpetuación de ciertos ordenamientos sociales. Cuando analizamos fenómenos sociales desde el punto de vista del género, nos adentramos al terreno del mundo de lo simbólico de la vida social, interpretamos y analizamos el género como un sistema cultural.</p>
			<p>Antes de que el concepto de género tuviera su propio desarrollo, la antropología ha sido una ciencia interesada en comprender cómo se ha configurado las diferencias históricas establecidas en los roles entre mujeres y hombres. Al ser una ciencia que se ha enfocado en sociedades o grupos no occidentales o sociedades no capitalistas, han reconocido que diversos grupos sociales así configurados, se establece un universo simbólico dividido a partir de la distinción entre hembras y machos. Asimismo, es una disciplina interesada en explicar los ordenamientos simbólicos de la vida social, y una de las operaciones simbólicas primarias es la que se lleva a cabo a partir de la distinción entre los sexos.</p>
			<p>La perspectiva antropología en primer lugar enfatizó, con Levi Strauss a la cabeza que “las sociedades tienden a pensar sus propias divisiones internas mediante el esquema conceptual que separa la naturaleza de la cultura” (<xref ref-type="bibr" rid="B12">Lamas. 1986: 178</xref>). Las sociedades organizan subjetiva y socialmente las concepciones y prácticas a partir de asociaciones simbólicas en pares de oposiciones anclados en las realidades físicas, como son las corporales y sus cualidades perceptibles: caliente / frio, húmedo / seco, crudo/cocido. Estas distinciones por pares están presentes en todas las sociedades, son anteriores al modo de producción capitalista pero se instituyen e intensifican principalmente con la división sexual del trabajo social (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Heritier, 1996: 229</xref>).</p>
			<p>En estos esquemas conceptuales duales, a las hembras se las asocia con lo naturaleza debido a su capacidad reproductora, en oposición a los machos a quien se los asimila con la cultura y el trabajo debido a su papel productor en la histórica división sexual del trabajo. A partir de esta distinción se estructura el universo simbólico que crea, opone y contrasta a lo femenino y lo masculino, pues “el orden social funciona como una inmensa máquina simbólica” (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Bourdieu: 2000: 11</xref>), lo que hace de lo femenino y lo masculino una construcción cultural. Entonces, lo que entendemos como femenino y masculino son los binarios normativos de género, que las y los investigadores han tratado de desmontar como un hecho natural vinculado a la biología de los cuerpos. El entendimiento del ordenamiento de género en ese sentido implica, que la predisposición biológica “no es suficiente por sí misma para provocar un comportamiento. No hay comportamientos o características de personalidad exclusivas de un sexo, ambos comparten rasgos y conductas humanas” (<xref ref-type="bibr" rid="B12">Lamas, 1986: 186</xref>).</p>
			<p>En ese sentido, los cuerpos se insertan en géneros que se imponen como mandatos, los cuales solo pueden perpetuarse en el tiempo a través de las prácticas de los sujetos que las producen y reproducen mediante instituciones como son la familia, la iglesia, la escuela y el estado (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Bourdieu, 2000: 28</xref>). Las normas de género corresponden al cumplimiento del dimorfismo ideal, la complementariedad heterosexual de los cuerpos, y los principios normativos del femenino/masculino (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Butler, 2007: 28</xref>).</p>
			<p>Pero, ¿qué características son asignadas a lo considerado femenino y masculino? Para comenzar, en esta distinción el ordenamiento femenino siempre aparece subordinado al masculino, y cómo indica el pensamiento <italic>levistraussiano</italic>, en oposición.</p>
			<p>Aunque este ordenamiento es una construcción simbólica, y por lo tanto es una creación cultural, toma sus fundamentos de la diferencia sexual, especialmente el hecho de que las mujeres sean las reproductoras, frente a los hombres quienes son los productores dentro de la división sexual del trabajo. Este hecho ha dado origen al ordenamiento simbólico que ubica a lo femenino con la naturaleza, el cuerpo, el mundo emocional, la intuición, lo domestico, la crianza, los cuidados, lo privado, la primavera, el renacer, la vida. Otros relatos también asocian a la feminidad con la sensualidad, ingenuidad, docilidad, lo infantil, la curación, con la suavidad y la ternura, la dependencia, con lo erótico, con la maldad, con la mentira. Este ordenamiento se opone al masculino asociado con el trabajo, la capacidad de dominar y exhibir prestigio, el de la competición entre iguales, con lo público, con la guerra, la objetividad, la seriedad, la inteligencia, la razón, la autonomía, la inflexibilidad, la independencia. Como indica Segato “si el lenguaje de la femineidad es un lenguaje performativo, dramático, el de la masculinidad es un lenguaje violento de conquista y preservación activa de un valor” (<xref ref-type="bibr" rid="B20">Segato, 2003: 38</xref>).</p>
			<p>Como dispositivo que satisface las necesidades de reproducción de la sociedad, la instauración normativa del binario asimétrico femenino/masculino entendido como atributos que designan mujer y hombre, tiene como función reproducir la heterosexualización del deseo y perpetuar así la reproducción social (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Butler, 2007: 72</xref>).</p>
			<p>Estos ordenamientos binarios son tan poderosos, cómo todo lo que se produce en el mundo social, y su imposición y repetición a través de los actos y prácticas cotidianas es tan efectiva que se instala como un orden natural. Sin embargo, el género solo se reproduce a través del tiempo mediante los “rituales diarios de la vida corporal” (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Butler, 2006: 78</xref>) como “una identidad instituida por una repetición estilizada de actos” (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Butler, 1990: 297</xref>). Están constituidas de conjuntos de significados socialmente establecidos que tienen la finalidad de “mantener al género dentro de un marco binario” (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Butler, 1990: 307</xref>),</p>
			<p>Ahora, al haber expuesto en qué consiste la normativa sobre las expresiones de feminidad y la masculinidad, vamos a analizar cómo la feminidad - que es la que aquí nos interesa- se expresa en el trabajo de las edecanes. Para ello retomamos a <xref ref-type="bibr" rid="B11">Lagarde (2015)</xref> con su definición de la concepción social de la mujer-erótica la cual “expresa a los grupos de mujeres especializadas social y culturalmente en el erotismo” (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Lagarde, 2015: 411</xref>).</p>
			<p>De la mujer erótica se espera que sean femeninas, principalmente a través del cuidado de sus atributos corporales y sexuales, pero que también sean sonrientes, simpáticas, atentas, discretas, contenidas. La mujer erótica se especializa en la exhibición de un cuerpo bello y sexualmente disponible, esto lo hace a través de encarnar ciertas formas corporales, de vestir determinadas prendas; de prestar especial énfasis en la atención y el cuidado del cuerpo. Es una mujer que existe fundamentalmente, como indica <xref ref-type="bibr" rid="B11">Lagarde (2015)</xref>, por y para la mirada de los demás como objetos acogedores y atractivos.</p>
			<p>En ese sentido, el trabajo de las edecanes pretende crear un performance laboral cargado de símbolos asociados a la construcción social de la feminidad en su variante de la mujer erótica. Las reglas del trabajo instauran actos del género normativo, es decir se basa en la feminización del cuerpo, las emociones y los actos de las mujeres. El trabajo reproduce una práctica social más amplia que crea cuerpos de género, en este caso mujeres femeninas, al fijar normas específicas para las mujeres que desean ingresar a la actividad y que se concretizan en la realización del proceso de trabajo.</p>
			<p>Ahora, lo que nos interesa destacar en este artículo es que a través del estudio de caso de las edecanes encontramos cuatro construcciones de feminidad en su vertiente de la mujer-erótica. Fue posible clarificar un ordenamiento social que está más allá del propio trabajo, que revela concepciones normativas de género en la variante de las mujeres concebidas para el erotismo.</p>
			<p>Esto se logró a partir del reconocimiento de que la organización del trabajo está estructurada alrededor de signos y símbolos a los cuales se le atribuye determinadas significaciones. La construcción simbólica comienza al ser agrupadas y divididas según las cualidades especificas -corporales, emocionales, habilidades- que expusimos en el primer apartado. Estos criterios clasificatorios son construcciones de orden social que aparecen como naturales pero que de ningún modo lo son.</p>
			<p>De acuerdo con Levi Strauss “está en la naturaleza de la sociedad el expresar sus costumbres y sus instituciones por medio de símbolos” (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Lévi-Strauss, 1995:18</xref>). La visión semiótica de la cultura que ha desarrollado la disciplina antropológica, la considera como un conjunto de sistemas simbólicos a través de los cuales los seres humanos se comunican (<xref ref-type="bibr" rid="B16">Mauss, 1979: 276</xref>). Como indica <xref ref-type="bibr" rid="B15">Lévi-Strauss (1995: 28)</xref> el signo y el símbolo es el intermediario entre dos objetos. Para Geertz, la cultura consiste en un sistema de significaciones representadas en símbolos que permite a los seres humanos comunicar y orientar su acción (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Geertz, 2003: 88</xref>).</p>
			<p>Con <italic>símbolo</italic> nos referimos a la reagrupación que hacen los grupos humanos de “dos entidades o conjuntos de entidades materiales o abstractas, que ordinariamente se presentan en contextos totalmente diferentes” (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Leach, 1984: 54</xref>). Es decir, afirmaciones arbitrarias de semejanza (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Leach, 1989: 21</xref>). En cambio los <italic>signos</italic> proceden del mismo contexto cultural, es decir, entre ellos existe contigüidad y pertenecen al mismo conjunto (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Leach, 1989:19</xref>). De acuerdo a Leach, el símbolo se relaciona con la metáfora, a diferencia del signo que se relaciona con la metonimia. Estos son fuentes de información que “suministran un patrón o modelo en virtud del cual se puede dar una forma definida a procesos exteriores” (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Geertz, 2003: 91</xref>).</p>
			<p>Los símbolos y signos se expresan en palabras, imágenes, sonidos musicales, en la arquitectura, en los estilos de vestir, los gestos físicos, posturas, los modales, etc, y “se organizan en conjuntos estructurados para incorporar información codificada” (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Leach, 1989:15</xref>) y por tanto imponen significación social a la experiencia (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Geertz, 2003: 52</xref>). En ese sentido, los seres humanos estamos insertos en tramas de significación (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Geertz, 2003: 20</xref>). De acuerdo a <xref ref-type="bibr" rid="B7">Geertz (2003: 263)</xref> las significaciones son “las estructuras conceptuales que los individuos usan para interpretar la experiencia”.</p>
			<p>Regresando a esta investigación, en el trabajo de las edecanes se expresa un sistema de signos y símbolos en cadena que constituyen la visión actual del constructo de la feminidad, especialmente a lo que la feminidad erótica se refiere. Es decir encontramos que esta actividad se estructura a partir de un sistema de signos y símbolos de feminidad expresadas en formas gestuales, vestimentas, corporalidades, emociones y actuaciones que se dramatizan durante el proceso de trabajo.</p>
			<p> Lo que nosotros hicimos fue descodificar el mensaje siguiendo la pista en las distinciones establecidas entre los diferentes segmentos de trabajadoras. Ver los distintos segmentos no individualmente sino como totalidad nos permitió deducir que el erotismo femenino tiene múltiples representaciones que se organizan a partir de conjuntos estructurados de signos y símbolos a los que se le atribuyen determinadas significaciones, y que asimismo funciona para segmentar el trabajo, dividir a las trabajadoras en distintos espacios y con diferentes grupos sociales, e incluso pagar salarios diferenciados.</p>
			<p> En ese sentido, analizamos a continuación cómo lo simbólico es un gran estructurador de la sociedad, y en este caso particular, cómo lo simbólico es estructurador de mundo del trabajo, incrustándose en la organización y el proceso del mismo.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="results">
			<title>Resultados. Significaciones sociales de la mujer-erótica expresadas en el trabajo de las edecanes</title>
			<sec>
				<title>- Primera significación de la mujer erótica: La mujer elegante:</title>
				<p>La primera significación identificada durante el proceso de investigación que las agencias y en general, el campo del edecanaje se apropia y mercantiliza es el de un grupo de mujeres que encarnen los significantes asociados a la elegancia, el porte, el refinamiento de lo que llaman “clase”, es decir que posean un conjunto de cualidades que desplieguen los atributos y las actitudes considerados como de las “clases acomodadas” o “las clases altas”.</p>
				<p>Estos sectores despliegan una serie de características históricamente construidas a las cuales socialmente les atribuimos un significado, y las asociamos directamente con dicho estrato social, aunque no sean necesariamente de su exclusividad. Así, convertimos en símbolos determinados fenotipos, corporalidades, formas de utilización del cuerpo, despliegue de emociones y comportamientos y se la atribuimos a determinados sectores sociales.</p>
				<p>En ese sentido, encontramos que un segmento de trabajadoras es reclutado según determinadas características que sean capaz de significar o evocar a las personas, consumidores o clientes a los sectores sociales altos. Esto se logra mediante la apropiación por parte de los empleadores de un conjunto de cualidades que operan como signos y símbolos. Encontramos que, para este caso estas operan tanto como signos, como símbolos, ya que si bien pueden efectivamente ser atributos de distinción de grupos de alto poder adquisitivo, fácilmente pueden ser, y de hecho lo son, poseídos o apropiados por otros grupos sociales.</p>
				<p>En cuanto a las características fenotípicas son la agrupación de trabajadoras con el color de piel, ojos y cabello más claro, estatura por encima de promedio. Para las modelos/edecanes, un rostro bello con rasgos finos, es decir nariz y boca discretos, son rostros que se significan socialmente como “de ángel”, de “belleza etérea”, de “belleza fuera de este mundo” y todas esas metáforas que las acercan a lo inalcanzable, y principalmente a lo deserotizado. Dentro de este ámbito del campo, las modelos/edecanes son las que suelen aparecen menos eróticas que el resto y más como mujeres cercanas a la idea de lo divino.</p>
				<p> En cuanto a las características corporales, los símbolos asociados a la elegancia son la delgadez, la línea, a la figura corporal plana, un cuerpo delgado, lo más esbelto posible, así como manos, rostro, cuello, brazos con las mismas características. Esto es claro en contraste con las trabajadoras de los otros grupos para quienes es importante y fundamental la posesión y desarrollo de un cuerpo voluptuoso y para quienes las significaciones asociadas cambian.</p>
				<p> En cuanto a los signos y símbolos asociados a las formas de utilización del cuerpo, las modelos especialmente, requieren de la integración de trabajo corporal sobre formas de utilización y regulación del cuerpo. En las agencias-academias se enseña a las niñas que serán modelos, o a mujeres mayores de edad, diferentes posturas del cuerpo para caminar con elegancia -barbilla paralela al piso, hombros y espalda recta, glúteos ligeramente hacia afuera - así como caminar correctamente para una pasarela; aprenden a desplazarse con tacones y con vestidos largos. Las modelos asimismo reciben clases de etiqueta y protocolo; sentarse correctamente de forma “femenina”, reglas de etiqueta para comer adecuadamente, limpiarse con una servilleta y colocarla en las piernas, tomar por el mango las copas para no calentar las bebidas, utilizar adecuadamente los cubiertos etc. Es decir, las modelos reciben clases de feminidad vinculada al porte, el refinamiento y la elegancia para demostrar “clase”.</p>
				<p>Por último, en cuanto al despliegue emocional y de comportamientos, se asocia con la elegancia las emociones frías, es decir serenas, distantes, altivas, de pocas sonrisas, expresiones que son bastante frecuentes en las pasarelas de moda. Por lo tanto, especialmente las modelos suelen interactuar verbalmente muy poco con su audiencia, y performativizar ser etéreas, sutiles e inalcanzables.</p>
				<p>Esta forma de encarnamiento puede encontrarse en cualquiera de los segmentos de las trabajadoras, pero sin duda tendencialmente se encuentra entre los tipos de edecanes triple A y entre las modelos (de pasarela). Este grupo de trabajadoras comúnmente son quienes realizan trabajos de promoción en exposiciones, eventos internacionales y en términos generales las actividades consideradas de elite y por tanto, se encuentran en la parte superior de los diferentes segmentos de trabajadoras y son quienes reciben el mayor pago por hora trabajada.</p>
				<p> En ese sentido, los rasgos, heredados o adquiridos de las modelos y edecanes elegantes corresponden a una externalidad que funciona como una presentación social fincada en la noción de “alta sociedad” se pertenezca o no a ese estrato, pues de lo que se trata es de satisfacer la imagen de ese sector social. Los aspectos aludidos conforman un tipo de representación social de la feminidad que orienta las pautas de acción dentro del campo del modelaje, al que las edecanes no son ajenas. Es un tipo definido como mujer elegante en tanto sus características apuntan a las nociones socialmente construidas sobre el glamur, distanciado, como veremos, del tipo de mujer sensual.</p>
			</sec>
			<sec>
				<title>- Segunda significación de la mujer-erótica: La mujer como la encarnación sensual y el esfuerzo corporal:</title>
				<p>La segunda significación que los empleadores buscan que las trabajadoras desplieguen durante el performance laboral es de erotismo y sensualidad. El erotismo es la búsqueda de la exaltación del deseo a través de actos, lo que decimos y hacemos. La sensualidad es la cualidad que una persona posee para motivar los sentidos de otros.</p>
				<p> Para lograr exaltar los sentidos, en este caso, los empleadores además de agrupar a mujeres con determinadas características, establecen ciertas reglas de exhibición emocional y corporal que simbolicen sensualidad y erotismo.</p>
				<p> Para este grupo el aspecto de mayor significación es el de los símbolos asociados al cuerpo. En este grupo de trabajadoras comienza a perder relevancia el color de los ojos y las pieles claras y es más importante que posean pechos y glúteos abundantes, piernas fuertes, una cintura delgada; incluso las cirugías estéticas son bastante frecuentes. Son edecanes que invierten muchas horas en gimnasios, haciendo pesas y quienes mantienen a través del tiempo un cuerpo delgado, firme, el cual posee muchas horas invertidas de trabajo corporal. Esto no es una característica relativa dentro de la actividad, sino que para poder pertenecer a algunos de los segmentos -doble y triple A principalmente- es requisito fundamental dado que, en la medida en que sus tallas sean más abundantes, recibirán mejores ingresos.</p>
				<p> En ese sentido, los símbolos asociados al erotismo y la sensualidad son los de las formas corporales curvas, abundantes, amplias, que pueden ser naturales o producidas a través de cirugías estéticas. Ese último aspecto es incluso deseable para este grupo de trabajadoras.</p>
				<p> Por tanto, encontramos que son dos las principales referencias simbólicas que se buscan proyectar con este grupos de trabajadoras: la capacidad de representar a la mujer sensual a través de un cuerpo voluptuoso y también resaltar las virtudes del trabajo corporal incorporado con fervor, es decir, la belleza que trasmite un constante y elaborado trabajo personal sobre sí misma, que trasmite horas de trabajo, esfuerzo y dinero invertido, cuyo resultado corporal es un mérito alcanzado. Es la belleza producida gracias a una severa disciplina que trasluce largos regímenes de actividad física y alimentación adecuada. Es la belleza concebida a través de la intervención, la cirugía estética, procurada y cuidada con distintos productos que pueden apreciarse en pieles, ojos y cabellos impecables. De acuerdo a lo anterior, el mérito de la belleza que trasmite un constante y elaborado trabajo personal sobre sí misma, que trasmite horas de trabajo, esfuerzo y dinero invertido, cuyo resultado corporal es un mérito alcanzado. Es la belleza producida gracias a una severa disciplina que trasluce largos regímenes de actividad física y alimentación adecuada. Es la belleza concebida a través de la intervención, la cirugía estética, procurada y cuidada con distintos productos que pueden apreciarse en pieles, ojos y cabellos impecables. De acuerdo a lo anterior, el mérito de la belleza auto producida funciona como un elemento de distinción entre las edecanes, como un capital que puede ser estratégicamente utilizado para posicionarse y permanecer en el campo del edecanaje.</p>
				<p>Además de esta corporalidad específica, se espera que estas trabajadoras desplieguen altas dosis de erotismo a través de diferentes usos del cuerpo y del lenguaje no verbal. Si bien todas las edecanes pueden trabajar en los diversos espacios en los que son contratadas, las trabajadoras con estas características son quienes especialmente realizar su labor en espacios masculinizados o que venden productos para hombres, como son refaccionarias, eventos automovilísticos, exposiciones, carnavales, ferias, entre otros.</p>
				<p>Por ello los empleadores especifican ciertas reglas de exhibición estética y corporal como es el uso de prendas ceñidas al cuerpo, faldas cortas, escotes, trajes de carnaval, tacones, maquillaje y peinado; todos estos aspectos suelen ser similares para todas las edecanes independientemente de la agencia a la que presentes sus servicios. Asimismo los usos del cuerpo a través del lenguaje verbal y no verbal suelen ser bailes sensuales reforzados con las reglas de exhibición ornamental que acabamos de describir. Estos usos del cuerpo no se aprenden en una academia de modelaje como en el primer caso, sino que toman de lo social los modos vigentes de expresión corporal erótica, y también se aprenden en el propio proceso de trabajo con la observación de otras edecanes.</p>
				<p>También las edecanes suelen hablar extensamente con micrófonos y bocinas para atraer personas a los negocios a los que prestan sus servicios; esta es una parte importante de la actividad, por lo que requieren de la habilidad para exponerse a grupos grandes de personas y hablar de forma efectiva para convencer. Es común que este grupo de trabajadoras desarrollen la habilidad para dirigirse al público de los hombres, hacer bromas que a veces pueden incluir el doble sentido.</p>
				<p>Como se ha expuesto hasta aquí, podemos distinguir entre dos universos de sentido contrapuestos que agrupan un conjunto de signos y símbolos que evocan dos tipos de significaciones: una distinción social establecida entre las mujeres consideradas bellas, angelicales, elegantes, frente a las mujeres eróticas, sensuales, sexuales, atrevidas. Encontramos dos universos de sentido más que agrupan otro tipo de significaciones relacionadas a la mujer erótica, que expondremos a continuación.</p>
			</sec>
			<sec>
				<title>- Tercera significación de la mujer-erótica: La mujer como encarnación de la belleza natural:</title>
				<p>Identificamos un tercer conjunto de mujeres agrupadas según determinadas cualidades estéticas, corporales, comportamentales y emocionales. Para satisfacer la demanda de los clientes, consumidores y de las propias marcas quienes contratan a trabajadoras según el público al que está dirigido su producto, y también según sus propias expectativas o deseos, los empleadores dan cabida a un conjunto de mujeres expresen “naturalidad”, diversión, alegría, que logren cautivar al grupo familiar, más que a los hombres como el grupo anterior.</p>
				<p> Los símbolos asociados al cuerpo que los empleadores consideran para lograr este propósito se relaciona con la contratación de mujeres que encarnen “belleza natural”, es decir aquella que no tiene cirugías estéticas o no son tan evidentes, y aunque un cuerpo curvilíneo es deseable, no lo es tanto la voluptuosidad como en el grupo anterior de trabajadoras.</p>
				<p>La naturalidad no es una concepción neutral para los empleadores ya que se relaciona con la idea de salud, que a su vez se asocia a la esbeltez. La esbeltez es una característica corporal que cruza a todos los segmentos de trabajadoras y necesario para pertenecer al campo laboral de las edecanes. Para este grupo de trabajadoras es importante mantenerse delgadas, pero no lo es tanto para cultivar un cuerpo voluptuoso, sino para mantenerse “en forma” con un cuerpo delgado y “natural”. Para las trabajadoras de este grupo, mantener su cuerpo delgado sin necesidad de imponerse altos regímenes de ejercicios es importante, por lo que recurren al ejercicio físico y a la alimentación saludable, pero no a las cirugías estéticas o al entrenamiento cotidiano. En varios casos documentados, para este grupo de edecanes ni el ejercicio ni la alimentación saludable son aspectos que requieran especial atención por su parte, pues asumen que su cuerpo tiene las características naturales necesarias para conservarlas delgadas. Eso no necesariamente implica que estas trabajadoras no se cuiden o que la posibilidad de subir de peso no esté entre sus preocupaciones cotidianas, pero para este grupo no es tan relevante.</p>
				<p> En cuanto a los requerimientos comportamentales y emocionales asociados, este grupo de trabajadoras despliega especialmente amabilidad, cortesía, alegría, diversión. Para los clientes que pagan por el servicio, es más relevante que ellas sean dinámicas, extrovertidas y gentiles al realizar la actividad antes que contar con una corporalidad muy trabajada.</p>
				<p>Este grupo de edecanes tendencialmente trabaja en espacios como son: restaurantes, bares, centros comerciales, exposiciones; lugares en los que principalmente realizan dinámicas familiares de animación, y se dirigen tanto a hombres como mujeres, o al grupo familiar, por lo tanto no despliegan necesariamente erotismo, o no es tan explícito como en los otros segmentos.</p>
				<p>Las edecanes “naturales” pueden encontrarse en todos los grupos de trabajadoras, aunque tendencialmente suelen ser las edecanes doble o de una A, y esta asignación no es solo útil para ubicarlas en espacios específicos, o en corporalidades y habilidades particulares, asimismo es útil para pagarles salarios diferenciados, en este caso, inferiores a los que reciben las trabajadoras de los segmentos anteriormente mencionados.</p>
				<p>Por lo tanto como hemos descrito, los símbolos asociados a lo que hemos denominado belleza natural se relacionan, más que con los significantes corporales, con la capacidad de performativizar cercanía, diversión, alegría, extroversión, y también se asocian a lo familiar. Adicionalmente, para la propia actividad, son más importante sus habilidades para hablar en público, para improvisar, para ofrecer y lograr vender productos o servicios, para memorizar una importante información acerca de los mismos.</p>
				<p>Hasta aquí hemos descrito tres universos de sentido que, como se ha tratado de mostrar, forman conjuntos relativamente autónomos con cualidades específicas que funcionan como significantes utilizados para dirigirse a públicos específicos y de este modo satisfacer las necesidades de los clientes, que son vender un producto o servicio, posicionar una marca o atraer la mayor cantidad de consumidores potenciales a su negocio.</p>
				<p> A continuación, presentamos el último universo de sentido que logramos ubicar a partir de la investigación del trabajo de las edecanes, con el que cerramos los cuatro conjuntos encontrados que muestran las diferentes asignaciones sociales atribuidas a las “mujeres bellas” que se expresan diáfanas en esta actividad. Es posible que existan más o que hayamos perdido de vista otras expresiones. Esperamos que los resultados arrojados en este artículo ofrezcan luz para clarificar otras posibles representaciones sobre estos tipos de construcción simbólica en torno a la feminidad.</p>
			</sec>
			<sec>
				<title>- Cuarta significación de la mujer- erótica: la bella niña/adolecente:</title>
				<p>El último universo de sentido que encontramos es el que conjunta todo los signos y símbolos que vinculan a la belleza con la juventud. Este grupo contiene a las trabajadoras con menor edad de todas ellas. En general todo el trabajo de las edecanes se articula para generar y mantener corporalidades y despliegues emocionales que sean capaces de expresar jovialidad; pero en la actividad existe un grupo de ellas que significan esto exactamente por la temprana edad en la que comienzan a trabajar.</p>
				<p> Es común que en esta actividad ingresen mujeres recién cumplida la mayoria de edad, e incluso para el caso del trabajo específico del modelaje, es común que comiencen a trabajar siendo menores de edad. Sin embargo, en ella se pueden mantener a través del tiempo sí realizan los cuidados necesarios para materializar algunas de las corporalidades antes descritas y sí desarrollan las diferentes habilidades y requerimientos emocionales que especifican los empleadores. Por lo tanto, algunas de ellas comienzan a laborar en este grupo y, cuando observan los requerimientos para pertenecer a los otros segmentos, especialmente la disciplina e intervención del cuerpo, suelen pasar a los grupos antes descritos y así incrementar sus ingresos.</p>
				<p> Documentamos casos de edecanes que tienen amplia trayectoria y experiencia en el campo, y aunque para algunas puede ser una ocupación “de juventud”, “transitoria”, “para obtener ingresos mientras estudian”, para otras se vuelve su ocupación principal, se convierten en figuras públicas, tienen un número importante de “seguidores”, fans y por tanto, obtienen prestigio dentro del campo.</p>
				<p> Pero, regresando a los signos corporales asociados a la belleza de la juventud, estos se relacionan con la esbeltez, pero no aquella que refleja un arduo trabajo y disciplina, sino el estado de un momento de la vida, así como un rostro bello que corresponda más o menos a los cañones de belleza vigentes. En este conjunto, como en el de la mujer sensual y la bella natural, el color de ojos y cabellos claros no es tan relevante como con la mujer elegante, incluso es deseable mujeres morenas de cabellos oscuros, dado que interactúan frecuentemente con sectores medios y populares; con estas características los consumidores se sienten identificados.</p>
				<p> Las reglas de exhibición ornamental no son diferentes para este grupo de los anteriores, prendas ceñidas al cuerpo, faltas cortas, tacones -a veces tenis también- ombligueras, <italic>jumpsuit</italic> con el nombre de la marca o negocio.</p>
				<p> Sin embargo, el despliegue emocional sí cambia para este grupo. De ellas se espera que sean capaces de emanar frescura, dulzura, ternura, inocencia, para abordar al público o clientela, hombres, mujeres y familias que asisten a las plazas comerciales, a los grandes almacenes, entre quienes recorren las calles en automóviles a lo largo de la ciudad, para empresas telefónicas, etc. Sin embargo también suelen trabajar para negocios o empresas que venden productos y servicios asociados a lo masculino, como son cierto tipo de bebidas alcohólicas, bebidas “energizantes”, llantas, etc. Se observó que estas trabajadoras no están exentas de realizan performance de animación y que pueden llevar a cabo bailes para un grupo muy numeroso de individuos.</p>
				<p> De lo que se apropian los empleadores, de este conjunto de trabajadoras es de esa esencia de la juventud, de ese brillo y esa inocencia que brota de algunas personas en el primer tramo de su vida.</p>
				<p> Como se mencionó, este grupo de edecanes suele ser la puerta de entrada para comenzar en la actividad, corresponde a las edecanes de una A y las promotoras que trabajan principalmente en tiendas departamentales o centros comerciales y por lo tanto son quienes reciben menos ingresos de los tres grupos anteriormente descritos. Sin embargo para quienes lo desean, es el segmento en donde van desarrollando sus habilidades y corporalidad para posteriormente pertenecer a los segmentos superiores del campo laboral.</p>
				<p>
					<fig id="ch1">
						<label>Esquema 1</label>
						<caption>
							<title>Cuatro especializaciones de la mujer-erótica</title>
						</caption>
						<graphic xlink:href="2007-2120-contlat-1-28-21-gch1.gif"/>
						<attrib>Nota: Cuatro acepciones de mujer erótica simbolizadas en el trabajo de las edecanes</attrib>
						<attrib>Fuente: Elaboración propia</attrib>
					</fig>
				</p>
			</sec>
		</sec>
		<sec sec-type="conclusions">
			<title>Conclusiones</title>
			<p>La intención de este artículo fue mostrar los hallazgos obtenidos a partir del estudio del trabajo de las edecanes en la Ciudad de México acerca de cómo en esta actividad fue posible dilucidar un aspecto de las relaciones sociales vinculadas a las concepciones normativas de género sobre las construcciones de feminidad. A partir del reconocimiento acerca de cómo se recluta a las trabajadoras, se organiza el trabajo y segmenta la actividad, fue posible comprender que son varias las formas en que la sociedad espera erotismo en las mujeres. Espera erotismo de las mujeres de clases económicas privilegiadas, pero no espera de ellas derroche de sexualidad, sino que sean capaces de mostrar su distinción de privilegio. De otro grupo, no se espera elegancia, sino la tenacidad que son capaces de demostrar para mantener sus atributos físicos por su esfuerzo dedicado. De un tercer grupo se espera que exhiban su belleza producto de su genética y por último se espera erotismo de las niñas bellas y que sean capaces de exhibirla desde temprana edad. En ese sentido, demostramos con el análisis de esta actividad, que la normatividad de género también esta cruzada por nociones etarias, de concepciones racializadas y de clase que confieren diferentes asignaciones y roles simbólicos a las mujeres, pero que finalmente desembocan en la perpetuación de roles de género.</p>
			<p>Como vemos con el párrafo anterior, la importancia de haber estudiado, investigado y analizado la actividad de las edecanes, es que nos permite pensar el orden social, es decir, esta actividad que desde una perspectiva de sociología clásica del trabajo podría parecer irrelevante en términos de la creación de valor, es fundamental desde el punto de vista de que las representaciones sociales de género mercantilizadas en la actividad, son un apoyo para que se sigan reproduciendo las estructuras binarias de la sociedad. Esa es la gran efectividad del trabajo, que lo que hace es que reproduce el orden social a través de la mercantilización de imágenes que perpetúan la normatividad binaria del género.</p>
			<p> Asimismo, se demostró, como han analizado los estudios de género, que este último es una construcción social, cultural e históricamente determinada, que es performativa y que es necesario realizar estudios de caso concretos para conocer que formas toma el binario femenino/masculino para comprender que su cuestionamiento, transformación y variabilidad normativa y no normativa es expresión concreta de cómo las sociedades y los grupos se entienden a sí mismos y al mundo que los rodea a través del tiempo.</p>
			<p>Para el caso del trabajo de las edecanes, y atendiendo solamente lo que concierne a las representaciones de género que el trabajo produce y mercantiliza, quizá se trate menos sobre qué estas actividades desaparezcan, como que den cabida a expresiones de género no normativas, no binarias y no discriminatorias según expresiones etarias, enclasadas y racializadas, como indica Segato “cuanto más énfasis pongamos en los significantes expresivos del tránsito y de la movilidad de género, más próximos estaremos de un mundo capaz de trascender la prehistoria patriarcal” (<xref ref-type="bibr" rid="B20">Segato, 2003: 16</xref>). De la necesidad de transformar las condiciones laborales de las edecanes, será material de otro artículo.</p>
			<p>Por último queremos hacer una aclaración con respecto a las edecanes: Las representaciones performativizadas durante el proceso de trabajo corresponden a reglas de exhibición, emocional, corporal, estética y comportamental que se han establecido dentro del campo laboral y que les permite a los empleadores construir un mercado de trabajo que aglutina a mujeres con ciertos y diversos fenotipos, además de que sean capaces de exhibir cierta emoción y comportamiento requerido para atraer a los clientes, así como diversas habilidades para lograr ofertar una enorme cantidad de productos. Sin embargo las trabajadoras son mucho más que el performance que deben llevar a cabo durante el proceso de trabajo. Como logré documentar a lo largo de mi tesis doctoral, las trabajadoras han generado, frente a la condición tercerizada, flexibilizada y carente en términos generales de ciertos derechos laborales, estrategias para protegerse en casos de posibles abusos laborales como es la falta de pagos, o frente al acoso, que puede ser frecuente por la alta interacción que existe con los clientes. Además encontramos que ellas se movilizan estratégicamente dentro del campo, al incremental su capital corporal mediante cuidados dietas y ejercicios, al invertir en vestuarios, uniformes, ropa y maquillaje, dado que su posesión puede permitirles obtener un mayor número de eventos laborales, y por lo tanto mayores ingresos que les permite mejorar sus condiciones, ser independientes y con ellos poner en marcha negocios adicionales para incrementar sus ingresos y tener una mejor calidad de vida. Son mujeres con una alta capacidad de agencia en tanto las mismas condiciones de trabajo les exige, movilización para ser contratadas en una gran cantidad de eventos posibles, y un disciplinamiento estético y corporal intenso, por la exigencia de cuerpos esbeltos, como por la cantidad de horas que deben pasar paradas o bailando muy frecuentemente bajo las inclemencias del tiempo.</p>
			<p>Todo esto ejemplifica que los estereotipos atribuidos a las mujeres solo son esquemas simplificados de percepción y apreciación que permiten a los grupos sociales aprehender el mundo como guías para la acción, pero que no permiten comprender la complejidad que encierra la relaciones como totalidad, y en este caso a las edecanes como mujeres más allá de su proceso de trabajo, con vidas, experiencias, motivaciones que no se reducen a su representación. Mujeres que han cuestionado sus propias condiciones laborales y subvierten día a día sus posibles consecuencias. Como indica <xref ref-type="bibr" rid="B1">Arango, León y Viveros (1995: 21)</xref> debemos diferenciar entre “los discursos dominantes sobre la feminidad y las experiencias históricas y concretas de las mujeres reales: entre los discursos y los sujetos media la subjetividad y la experiencia, nos dice Teresa de Lauretis (1987), rescatando la capacidad transformadora de todo sujeto”.</p>
		</sec>
	</body>
	<back>
		<ref-list>
			<title>Referencias</title>
			<ref id="B1">
				<mixed-citation>Arango, G., M. León y M. Viveros (1995). “Introducción: Estudios de género e identidad: desplazamientos teóricos” en: Arango G., M. León , y Viveros M. (comp.) <italic>Género e identidad. Ensayos sobre lo femenino y los masculino</italic>, Bogotá, Editores Uniandes.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Arango</surname>
							<given-names>G.</given-names>
						</name>
						<name>
							<surname>León</surname>
							<given-names>M.</given-names>
						</name>
						<name>
							<surname>Viveros</surname>
							<given-names>M.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>1995</year>
					<chapter-title>Introducción: Estudios de género e identidad: desplazamientos teóricos</chapter-title>
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Arango</surname>
							<given-names>G.</given-names>
						</name>
						<name>
							<surname>León</surname>
							<given-names>M.</given-names>
						</name>
						<name>
							<surname>Viveros</surname>
							<given-names>M.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<source>Género e identidad. Ensayos sobre lo femenino y los masculino</source>
					<publisher-loc>Bogotá</publisher-loc>
					<publisher-name>Editores Uniandes</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B2">
				<mixed-citation>Bourdieu, P. (2000). <italic>La dominación masculina</italic>, Barcelona: Anagrama.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Bourdieu</surname>
							<given-names>P.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2000</year>
					<source>La dominación masculina</source>
					<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
					<publisher-name>Anagrama</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B3">
				<mixed-citation>Butler, J. (1990). “Actos performativos y constitución del género: un ensayo sobre fenomenología y teoría feminista” en: Sue-Ellen Case (eds.), <italic>Performing Feminisms: Feminist Critical Theory and Theatre</italic>, (pp . 270-282), Johns Hopkins University Press.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Butler</surname>
							<given-names>J.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>1990</year>
					<chapter-title>Actos performativos y constitución del género: un ensayo sobre fenomenología y teoría feminista</chapter-title>
					<person-group person-group-type="editor">
						<name>
							<surname>Case</surname>
							<given-names>Sue-Ellen</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<source>Performing Feminisms: Feminist Critical Theory and Theatre</source>
					<fpage>270</fpage>
					<lpage>282</lpage>
					<publisher-name>Johns Hopkins University Press</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B4">
				<mixed-citation>Butler, J. (2006). <italic>Deshacer el género</italic>, Barcelona: Paidos.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Butler</surname>
							<given-names>J.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2006</year>
					<source>Deshacer el género</source>
					<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
					<publisher-name>Paidos</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B5">
				<mixed-citation>Butler, J. (2007). <italic>El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad</italic>, Barcelona: Paidos.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Butler</surname>
							<given-names>J.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2007</year>
					<source>El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad</source>
					<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
					<publisher-name>Paidos</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B6">
				<mixed-citation>Da Cunha, A., O. Lima y A. Pádua (2016). “Aesthetics and commoditylabor: Analysis of the Lukacsian aesthetic properties in business magazines the exame magazine”, <italic>Revista de Administração</italic>, 51(2): 137-150.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="journal">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Da Cunha</surname>
							<given-names>A.</given-names>
						</name>
						<name>
							<surname>Lima</surname>
							<given-names>O.</given-names>
						</name>
						<name>
							<surname>Pádua</surname>
							<given-names>A.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2016</year>
					<article-title>Aesthetics and commoditylabor: Analysis of the Lukacsian aesthetic properties in business magazines the exame magazine</article-title>
					<source>Revista de Administração</source>
					<volume>51</volume>
					<issue>2</issue>
					<fpage>137</fpage>
					<lpage>150</lpage>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B7">
				<mixed-citation>Geertz, C. (2003). <italic>La interpretación de las culturas</italic>, Barcelona: Gedisa.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Geertz</surname>
							<given-names>C.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2003</year>
					<source>La interpretación de las culturas</source>
					<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
					<publisher-name>Gedisa</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B8">
				<mixed-citation>Goffman, E. (2001). <italic>La presentación de la persona en la vida cotidiana</italic>, Buenos Aires: Amorrortu editores.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Goffman</surname>
							<given-names>E.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2001</year>
					<source>La presentación de la persona en la vida cotidiana</source>
					<publisher-loc>Buenos Aires</publisher-loc>
					<publisher-name>Amorrortu</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B9">
				<mixed-citation>Héritier, F. (1996). <italic>Masculino / Femenino. El pensamiento de la diferencia</italic>, Barcelona: Ariel.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Héritier</surname>
							<given-names>F.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>1996</year>
					<source>Masculino / Femenino. El pensamiento de la diferencia</source>
					<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
					<publisher-name>Ariel</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B10">
				<mixed-citation>Hochschild, R. (2003). <italic>The managed Heart, commercialization of human feeling</italic>, Berkeley: University of California Press.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Hochschild</surname>
							<given-names>R.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2003</year>
					<source>The managed Heart, commercialization of human feeling</source>
					<publisher-loc>Berkeley</publisher-loc>
					<publisher-name>University of California Press</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B11">
				<mixed-citation>Lagarde, M. (2015) <italic>Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas</italic>, México: Siglo XXI Editores.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Lagarde</surname>
							<given-names>M.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2015</year>
					<source>Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas</source>
					<publisher-loc>México</publisher-loc>
					<publisher-name>Siglo XXI</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B12">
				<mixed-citation>Lamas, M. (1986) “La antropología feminista y la categoría “género”, <italic>Nueva Antropología</italic>, VIII (30): (173-198).</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="journal">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Lamas</surname>
							<given-names>M.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>1986</year>
					<article-title>La antropología feminista y la categoría “género</article-title>
					<source>Nueva Antropología</source>
					<volume>VIII</volume>
					<issue>30</issue>
					<fpage>173</fpage>
					<lpage>198</lpage>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B13">
				<mixed-citation>Lane, J.F. (2016). “Emancipation from Work or Emancipation through Work? Aesthetics of Work and Idleness in recent french thought”, <italic>Nottingham French Studie</italic>, 55 (1): 79-96.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="journal">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Lane</surname>
							<given-names>J.F.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2016</year>
					<article-title>Emancipation from Work or Emancipation through Work? Aesthetics of Work and Idleness in recent french thought</article-title>
					<source>Nottingham French Studie</source>
					<volume>55</volume>
					<issue>1</issue>
					<fpage>79</fpage>
					<lpage>96</lpage>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B14">
				<mixed-citation>Leach, E. (1989). <italic>Cultura y comunicación. La lógica de la conexión de los símbolos</italic>, Madrid: Siglo XXI.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Leach</surname>
							<given-names>E.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>1989</year>
					<source>Cultura y comunicación. La lógica de la conexión de los símbolos</source>
					<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
					<publisher-name>Siglo XXI</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B15">
				<mixed-citation>Levi-Strauss, C. (1995). <italic>Antropología estructural</italic>, Barcelona: Paidos .</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Levi-Strauss</surname>
							<given-names>C.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>1995</year>
					<source>Antropología estructural</source>
					<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
					<publisher-name>Paidos</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B16">
				<mixed-citation>Mauss, M. (1979). <italic>Sociología y Antropología</italic>, Madrid: Tecnos.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Mauss</surname>
							<given-names>M.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>1979</year>
					<source>Sociología y Antropología</source>
					<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
					<publisher-name>Tecnos</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B17">
				<mixed-citation>Nieto, R. (2017). “Trabajos emocionales y labores afectivas”, <italic>Alteridades</italic>, 27 (53): (35-46).</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="journal">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Nieto</surname>
							<given-names>R.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2017</year>
					<article-title>Trabajos emocionales y labores afectivas</article-title>
					<source>Alteridades</source>
					<volume>27</volume>
					<issue>53</issue>
					<fpage>35</fpage>
					<lpage>46</lpage>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B18">
				<mixed-citation>Pétonnet, C. (1982), “L’observation flottante. L’exemple d’un cimetière parisien”, <italic>L’Homme</italic>, 22 (4): (37 47).</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="journal">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Pétonnet</surname>
							<given-names>C.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>1982</year>
					<article-title>L’observation flottante. L’exemple d’un cimetière parisien</article-title>
					<source>L’Homme</source>
					<volume>22</volume>
					<issue>4</issue>
					<fpage>37 47</fpage>
					<lpage>37 47</lpage>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B19">
				<mixed-citation>Rancière, J. (2004). <italic>The politics of Aesthetics</italic>, London &amp; New York, Bloomsbury: SAGE Publications.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Rancière</surname>
							<given-names>J.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2004</year>
					<source>The politics of Aesthetics</source>
					<publisher-loc>London</publisher-loc>
					<publisher-loc>New York</publisher-loc>
					<publisher-name>Bloomsbury</publisher-name>
					<publisher-name>SAGE Publications</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B20">
				<mixed-citation>Segato, R. (2003). <italic>Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos</italic>, Buenos Aires: Universidad Nacional de Quilmes.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Segato</surname>
							<given-names>R.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2003</year>
					<source>Las estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropología, el psicoanálisis y los derechos humanos</source>
					<publisher-loc>Buenos Aires</publisher-loc>
					<publisher-name>Universidad Nacional de Quilmes</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B21">
				<mixed-citation>Velasco, A. (2012). “Hermenéutica y ciencias sociales” en De la Garza, E. y G. Leyva (comp.) <italic>Tratado de metodología de las ciencias sociales. Perspectivas actuales</italic>, (pp. 469-503), México: FCE / UAM-Iztapalapa.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Velasco</surname>
							<given-names>A.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2012</year>
					<chapter-title>Hermenéutica y ciencias sociales</chapter-title>
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>De la Garza</surname>
							<given-names>E.</given-names>
						</name>
						<name>
							<surname>Leyva</surname>
							<given-names>G.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<source>Tratado de metodología de las ciencias sociales. Perspectivas actuales</source>
					<fpage>469</fpage>
					<lpage>503</lpage>
					<publisher-loc>México</publisher-loc>
					<publisher-name>FCE</publisher-name>
					<publisher-name>UAM-Iztapalapa</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B22">
				<mixed-citation>Witz, A., Warhurst C., y D. Nickson (2003). “The labor of aesthetics and the aesthetics of organization” en <italic>Organization</italic>, 10 (1): (33-54).</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="journal">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Witz</surname>
							<given-names>A.</given-names>
						</name>
						<name>
							<surname>Warhurst</surname>
							<given-names>C.</given-names>
						</name>
						<name>
							<surname>Nickson</surname>
							<given-names>D.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2003</year>
					<article-title>The labor of aesthetics and the aesthetics of organization</article-title>
					<source>Organization</source>
					<volume>10</volume>
					<issue>1</issue>
					<fpage>33</fpage>
					<lpage>54</lpage>
				</element-citation>
			</ref>
			<ref id="B23">
				<mixed-citation>Wolkowitz, C. (2006). <italic>Bodies at Work</italic>, Londres: SAGE Publications.</mixed-citation>
				<element-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<name>
							<surname>Wolkowitz</surname>
							<given-names>C.</given-names>
						</name>
					</person-group>
					<year>2006</year>
					<source>Bodies at Work</source>
					<publisher-loc>Londres</publisher-loc>
					<publisher-name>SAGE Publications</publisher-name>
				</element-citation>
			</ref>
		</ref-list>
	</back>
</article>