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				<journal-title>Contextualizaciones Latinoamericanas</journal-title>
				<abbrev-journal-title abbrev-type="publisher">Context. Latinoam.</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="ppub">2007-2120</issn>
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				<publisher-name>Universidad de Guadalajara, Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, Departamento de Estudios Ibéricos y Latinoamericanos</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="doi">10.32870/cl.v2i27.7969</article-id>
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				<subj-group subj-group-type="heading">
					<subject>Propuestas Teóricas y metodológicas</subject>
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				<article-title>Racismo es violencia: aportes para una metodología de investigación crítica</article-title>
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					<trans-title>Racism is violence: contributions for a critical research methodology</trans-title>
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					<contrib-id contrib-id-type="orcid">0000-0002-6092-1552</contrib-id>
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						<surname>Borges</surname>
						<given-names>Nicholas Santiago</given-names>
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					<institution content-type="original">Licenciado en relaciones internacionales por el Centro Universitario IESB de Brasilia, Brasil y maestrante becario por CONACYT-CLACSO en el paginado de Estudios Latinoamericanos de la UNAM 2020-2022. Líneas de investigación violencia y racismo. Contacto: nicholasborges18@gmail.com</institution>
					<country country="MX">Mexico</country>
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			<pub-date date-type="pub" publication-format="electronic">
				<day>25</day>
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				<year>2023</year>
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			<pub-date date-type="collection" publication-format="electronic">
				<season>Jul-Dec</season>
				<year>2022</year>
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			<volume>2</volume>
			<issue>27</issue>
			<fpage>63</fpage>
			<lpage>70</lpage>
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				<license license-type="open-access" xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by-nc/4.0/" xml:lang="es">
					<license-p>Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons</license-p>
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				<title>Resumen</title>
				<p>Avance de investigación sobre la relación del racismo y violencia para una perspectiva crítica acerca de los fenómenos. En este aporte, se busca analizar cuales son los conceptos claves para comprender el racismo como una manifestación de la violencia, pero, además, comprender cómo estas prácticas son capaces de generar otros fenómenos más allá de una pornografía de la violencia. El avance es un llamado para una metodología crítica al campo de investigación de racismo y violencia. </p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>This research progress deals with the relationship between racism and violence for a critical perspective on the phenomena. The contribution seeks to analyze the key concepts to understand racism as a manifestation of violence, but also to understand how these practices are capable of generating other phenomena beyond pornography of violence. The breakthrough is a call for a critical methodology to the field of racism and violence research.</p>
			</trans-abstract>
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				<title>Palabras clave:</title>
				<kwd>racismo</kwd>
				<kwd>violencia</kwd>
				<kwd>economía moral de la violencia</kwd>
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				<title>Key words:</title>
				<kwd>racism</kwd>
				<kwd>violence</kwd>
				<kwd>moral economy on violence</kwd>
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		<sec sec-type="intro">
			<title>Introducción</title>
			<p>A lo largo de los últimos años, los debates sobre violencia y racismo han ganado más fuerza después de los episodios de violencia policiaca en Estados Unidos. No es de admirarse que los acontecimientos a nivel internacional tienen influencia grande en la promoción de debates y cuestionamientos de los patrones de dominación y explotación de las sociedades; sobre el racismo y violencia parece no ser diferente. A pesar de las trampas, las comparaciones con hechos internacionales pueden ofrecer respuestas más desmenuzadas sobre determinados fenómenos. En primer lugar, los análisis pueden generar trampas porque el esencialismo comparativista puede resultar en el equívoco u olvido de las particularidades del fenómeno en distintas lógicas de espacio-tiempo. Es decir, hablar sobre racismo, y luego violencia, puede no ser lo mismo en Brasil, México o Estados Unidos, por ejemplo. Los distintos procesos de formación nacional, el rol en el sistema del capitalismo competitivo y las prácticas cotidianas pueden ofrecer resultandos distintos cuando se analiza la misma cuestión. Por otro lado, parece ser útil que el ámbito internacional aun sea capaz de influenciar el debate sobre las lógicas predadoras de la modernidad.</p>
			<p> Este ensayo se dedicará a analizar la particularidad de esta relación racismo-violencia a través de un marcador latinoamericanista. Es decir, se ubicarán los principales ejes de cada propuesta para analizar la particularidad y dinámicas de estos fenómenos en la región. Además, es necesario señalar que la propuesta no implica asumir que el racismo, o la cuestión étnica-racial, no haya sido abordada en los estudios socio y antropológicos de la violencia y que tampoco, éstos sean el resultado de una preocupación para contestar a los recientes conflictos intra-estadounidense. Más bien, este abordaje implica analizar que el racismo muchas veces ocupa un peso menor que otras categorías analíticas y que, muchas veces. es un marcador atribuido exclusivamente a los protagonistas o víctimas de los conflictos violentos y dejan de lado la importancia de analizar el racismo como eje constituyente, y no exclusivo, de los conflictos de violencia.</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>Sobre el racismo</title>
			<p>El racismo, por sí solo, ya sería una de las mejores metáforas para explicar la violencia. Se trata de un sistema que organiza, clasifica y estructura el poder en diferentes escalas. Si se asume que el racismo es necesariamente una relación o sistema de poder, éste es un fenómeno asimétrico. <xref ref-type="bibr" rid="B4">Foucault (1979)</xref> señala que no se sabe al cierto quien detiene el poder, pero se sabe quién no lo posee. Por eso, el racismo debe ser entendido como un sistema de opresión y, para que haya racismo, es necesario haber determinada relación asimétrica de poder. Eso implica asumir que, grupos históricamente racializados, como negros e indios, no poseen poder institucional para que sean racistas, por ejemplo, pues son grupos históricamente víctimas de violencia, opresión y exclusión (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Ribeiro, 2014</xref>). Por lo tanto, además de su característica sistémica, capaz de organizar diferentes individuos en esta cadena de poder, el racismo es una ideología política, ya que mantiene como uno de sus arietes la idea de la división humana a través de razas superiores e inferiores, atribuyendo características esenciales a distintos grupos para justificar la dominación, exclusión y subordinación.</p>
			<p> El racismo es también un fenómeno histórico. A pesar de sus diferentes usos en la historia global - en un primer momento implicaba la idea de razas superiores e inferiores, debates sobre eugenesia y culturas mestizas; en su segunda metamorfosis, el racismo y la extrema violencia fueron clave para el régimen nazista bajo la pseudo idea de una raza ariana superior y la necesidad de aniquilar a las amenazas a la pureza alemana - el racismo siempre tuvo y tiene como eje la diferenciación y dominación violenta del otro que huye de este patrón de la civilización y el progreso. Para <xref ref-type="bibr" rid="B7">Jacinto (2019)</xref>, es un claro ejemplo de violencia que se ejerce y se reproduce a través de la discriminación, clasificación y exclusión de los individuos. Además, este sistema violento ha estado presente en todo el marco temporal cuando se analiza la realidad en América Latina - tiene sus raíces en el período colonial, se expande con el capitalismo a lo largo del siglo XIX y es fundamento básico para la formación de las identidades nacionales en la región y éste también está vinculado con las crisis económicas provocadas por el capitalismo en sus distintas formas. Es decir, el racismo es un fenómeno anterior al capitalismo, pero que viene se adaptando a las lógicas contemporáneas del capital sin perder su esencia de organizar, jerarquizar, excluir y marginalizar.</p>
			<p> Otra característica muy importante del racismo, para un mejor análisis de su vínculo directo con la violencia, es que éste fenómeno es capaz de crear geografías racializadas. Es decir, la construcción del otro ha creado zonas marginalizadas muy específicas donde es posible señalar la gran presencia de comunidades históricamente racializadas. Aunque una población no reivindique necesariamente una identidad negra o indígena, estos grupos fueron construidos dentro de los imaginarios nacionales como población campesinas o pobres, pero que cuyos cuerpos traen una marca que los asignan como cuerpos devaluados.</p>
			<p>
				<xref ref-type="bibr" rid="B12">Segato (2007)</xref> afirma que estos cuerpos cargan la derrota colonial, dónde la raza produce un signo y significante. Ser negro o indígena es una referencia del capital racial que ubica determinados cuerpos a esta lógica de dominación y explotación racista que persiste en las comunidades imaginadas. El cuerpo puede ser, al mismo tiempo, una traducción, pero también una narración. Estas geografías racializadas posibilitan un análisis más específico para entender cómo otras opresiones, como clase, género, sexualidad y otros, han operado cómo fenómenos de marginalización social en determinados territorios. Si el racismo es capaz de producir signo - la marca histórica, es también produce un significante, dónde distintos grupos se identifican y se diferencian a través de los procesos racialistas y del capital racial para producir relaciones asimétricas y estructurales.</p>
			<p> Así, es posible señalar que para que exista, el racismo se alimenta de la diferencia, de la alteridad y de constantes procesos de individualización. Es un concepto íntimo porque se asume que a partir de la diferenciación y de sus convicciones, un individuo ve la necesidad de diferenciarse del que era considerado indiferente e inferior a su condición. Con eso, el racismo se convierte en una costumbre y se arraiga en la mentalidad y la conciencia social. El principal problema de los racismos como política de la alteridad es que se reproducen y cambian con el tiempo, son fenómenos inmóviles y atemporales. Esto se debe a que la condición de diferenciación hace como natural la inferioridad de las posiciones ocupadas por los negros, no solo en el proyecto colonial sino en la actualidad (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Segato, 2011</xref>). Todo eso implica hablar de una las principales características del racismo, el racismo estructural.</p>
			<p> Por ser estructural, el racismo <italic>sui generis</italic> traspasará la idea de normalidad a través de los campos económicos, políticos y subjetivos. En una traducción más sencilla, el racismo será el funcionamiento estructural y esencial de las instituciones donde éste se ha convertido como el pilar societal (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Almeida, 2019</xref>). El racismo, cómo instrumento organizacional de las sociedades, estará dirigido no al individuo, pero a la población en masa. Además, hablar del racismo estructural es hablar sobre cómo éste fenómeno se constituye en el ámbito cultural de identidades y otredades, produciendo el efecto de la exclusión, marginalización, invisibilización y hasta el exterminio (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Gall, 2014</xref>). Este sistema, por lo tanto, es una doctrina de larga duración que no ha permitido la valorización integral y que perpetua a través de acciones e inercias la marginalización de grupos racializados a lo largo del tiempo (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Quince Duncan, 2007</xref>).</p>
		</sec>
		<sec>
			<title>Sobre la violencia</title>
			<p>Las características señaladas anteriormente por sí solo ya podrían definir que racismo es violencia. Su condición estructural e ideológica sobre la creencia en la existencia innata de individuos superiores e inferiores bajo la lógica del capital racial es capaz de construir relaciones asimétricas y desiguales entre diferentes grupos de individuos que se ubican en este complejo sistema inter relacional. Sin embargo, es también necesario analizar qué significa hablar de que racismo es violencia o que éste produce violencia. En este sentido, es también importante hacer una relación sobre como la violencia influye y condiciona las relaciones sociales a través de la organización de este sistema asimétrico llamado racismo.</p>
			<p> Para este punto, es muy útil la propuesta de <xref ref-type="bibr" rid="B3">Bourgois (2009)</xref> cuando afirma que la violencia esta omnipresente en las relaciones sociales, se transforma, puede ser visible o no, puede ser mal interpretada por los actores que están involucrados en este sistema, pero, que, sobre todo, la violencia influye a nuestro alrededor, castigando, de manera desproporcional, a los sectores más vulnerables estructuralmente. Bajo esta afirmación, es posible señalar que todos están susceptibles a la violencia, en mayor o menor grado, pero que también en esta lógica los individuos pueden ocupar el rol de participes o víctimas de la violencia. Si la violencia es omnipresente, afirma Bourgois, es también un fenómeno continuo, no esporádico, está abigarrado en las relaciones del poder, produce, reproduce y fomenta las estructuras de desigualdades a través de tres puntos elementales de violencias no visibles - es decir, más allá del acto concreto de la violencia (muerte o daño, por ejemplo), la violencia estructural, simbólica y normalizada.</p>
			<p>Hacer este análisis sobre la violencia a través de sus características no visibles es de suma importancia para no caer en lo que Bourgois nombra como “pornografía de violencia”. Es decir, además de observar la violencia como mucho más de allá de una definición simplicista de que éste es un hecho que implicar hacer o causar daño, estas particularidades pueden ofrecer herramientas y estrategias analíticas capaces de huir de una exaltación común de que algunas poblaciones son capaces de generar violencia y que estos grupos son la exposición explica de la crueldad humana. En este punto, es necesario rescatar el análisis anterior de que el racismo, como institución o relación de poder, es capaz de marcar cuerpos. Al jerarquizar y diferenciar los individuos a través del capital racial, el racismo también es responsable por crear esta “fobia” del otro racializado-marginalizado- ya que en relaciones raciales todos los individuos sufren este proceso de racialización, sino que algunos pueden detener características positivas o negativas en determinadas relaciones, sea a través del prejuicio o los estigmas que son vinculados en los procesos que vulnerabilidad a los grupos racializados.</p>
			<p>Por violencia estructural, <xref ref-type="bibr" rid="B3">Bourgois (2009)</xref> define las prácticas históricas que son llevadas a cabo por las fuerzas políticas y económicas donde la violencia ejerce, de manera directa o indirecta, una capacidad de causar daños en los sectores más vulnerables de la sociedad. La violencia estructural, según el autor, es cruzada por estructuras institucionales o campos de fuerza relacional, como el racismo, sexismo u otras prácticas de discriminación y opresión históricas. Es decir, hablar desde su carácter estructural es hablar como la violencia permea estructuras organizadas privadas y también estructuras y sistemas económicos, políticos y culturales bajo la lógica, visible o no, tangible o no, de conducir determinados grupos hacia la opresión. Por lo tanto, la violencia puede pasar sobre el cuerpo institucional (Estado, escuela, cárcel, iglesia, hospitales), así como el íntimo y privado (familia, hogar y relaciones interpersonales).</p>
			<p> Bourgois también afirma las violencias estructurales, simbólica y normalizada se traslapan de manera horizontal al mismo tiempo que el continuo de la violencia organiza estas tres formas de manera jerárquica una sobre otras. Esta afirmación hace posible señalar que existe una interdependencia compleja entre estructuras, simbolismos y normalidad. Una depende de la otra para producir sus efectos y reproducir las políticas de desigualdad que permean las relaciones asimétricas de poder. Además, eso implica asumir que la violencia estructural no es natural, es histórica y socialmente producida. <xref ref-type="bibr" rid="B6">Galtung (2003)</xref> define que la violencia estructural es una violencia no visible y que ésta se fundamenta en estructuras que no permiten la satisfacción integral de determinados grupos. Además, la violencia estructural se manifiesta a partir de la negación de necesidades. Sobre esta última afirmación, es imprescindible cuestionar, por ejemplo, las disparidades en el acceso a un sistema de salud, educación, laboral, pero también como otras instituciones opresoras, como la cárcel, reproduce las asimetrías y desigualdades.</p>
			<p> Además, es posible decir que la violencia estructural no es ejercida solamente por un actor. El Estado puede ser el monopolio central de ésta, pero su ejercicio también es dictaminado por otras partes que componen, lo que <xref ref-type="bibr" rid="B4">Foucault (1979)</xref> nombraría una red compleja e interconectada del poder. Las consecuencias directas de una violencia estructural además de una asimetría en las relaciones de poder, implica diferentes grados de oportunidades en la estructura socioeconómica de la sociedad - bajos niveles de ingreso, altos índices de pobreza, sistemas básicos precarios y baja movilidad social son reflejos de este primer ejemplo de violencia invisible que coordina las relaciones sociales.</p>
			<p> Posteriormente, <xref ref-type="bibr" rid="B3">Bourgois (2009)</xref> presenta el concepto de violencia simbólica que se refiere al proceso dónde grupos dominados naturalizan sus condiciones y estatus de dominación, reconociendo y transformando la violencia como una condición legítima y natural de sus proprias realidades. La gran particularidad de este modelo de violencia invisible es que para que haya violencia simbólica son necesarios dos ejes básicos: la subjetividad influencia la formación de víctimas cognoscentes de la violencia; además ese proceso requiere el reconocimiento requiere el reconocimiento de las fuerzas que forman la violencia. Es decir, reconocer la existencia previa de una disparidad de poder. Las violencias simbólicas son procesos dónde se perpetúan y se imponen determinados valores culturales. Diferentemente de la violencia física, su característica simbólica apunta que estos patrones tienen una implicación psicológica en los individuos dominados (Bourdieu, 1992; 2000; 2001, citado en <xref ref-type="bibr" rid="B3">Bourgois, 2009</xref>).</p>
			<p> Bourdieu (1990) también apunta que cuando los individuos son víctimas del simbólico y legitiman la violencia, éstos ya no son capaces de contestar o reaccionar con fuerza suficiente en contra a los patrones de la violencia cultural dominante. La naturalización ocurre porque las víctimas ni siquiera pasan a reconocerse como víctimas, sino que internalizan que sus condiciones son condiciones inmovibles e inevitables. Es igualmente una violencia que es producida por una red interconectada del poder.</p>
			<p> Para el sociólogo, el poder no es meramente físico, sino que símbolos y cosas también ganan significados que, a su vez, son capaces de ejercer dominio sobre los individuos. Para este punto, también sería necesario aclarar que Bourdieu, en su sociología del combate se preocupaba en apuntar como el poder se sobrepasa de las grandes institucionales tradicionales del poder. Eso hacía que el poder adquiriera un carácter mucho más sutil que la coerción física. Desde este análisis, el sociólogo apuntaba que los individuos también poseían un capital cultural y simbólico. Bourdieu, por lo tanto, descordaba de la hipótesis tradicional de <xref ref-type="bibr" rid="B14">Weber (1919)</xref> quien afirmaba que el Estado detenía el uso legítimo y el monopolio de la fuerza, de la violencia física y simbólica, en determinado territorio. En oposición, Bourdieu afirmaba que el capital; es decir, el poder de la fuerza era mucho más allá que el económico, era también social, político y cultural.</p>
			<p> Para Bourdieu, cada individuo carga inúmeros significados y son éstos que diferencian cada individuo de los demás en una relación de poder y capital cultural. Un claro ejemplo, es la relación policía-individuos, dónde obviamente existe una asimetría de capital cultural que impone, no solamente el uso legítimo de la fuerza, pero también de sus significados social y político para ejercer esta coerción, física o simbólica. Es la idea creada que de que la policía es la que detiene el uso legítimo de la fuerza que naturaliza y legitima la violencia física y simbólica en sociedades marginalizadas. Es esta relación asimétrica que implica, no solamente la naturalización y exposición del capital cultural asimétrico, pero que traspasa su sentido psicológico para garantizar el orden en el mundo físico. El simbolismo social y político de las fuerzas militares es la excusa para acciones violentas en contra disturbios y enemigos del orden social.</p>
			<p>El racismo es un otro ejemplo de una violencia que no es necesariamente física y que no genera
				básicamente un daño físico, es, de igual manera, una violencia sutil. Es un fenómeno
				que determina relaciones sociales y que a través de su carácter ideológico y
				simbólico garantiza la vigilancia, miedo, prejuicio y estigmas en contra los grupos
				racializados que cargan este capital cultural negativo. Esta última afirmación es
				una alusión que los procesos de racialización, que incluyen esta dicotomía
				blanco-negro/indígena, es una especie de capital cultural que, directa o
				indirectamente produce jerarquías y violencias simbólicas y físicas. Para entender
				mejor cabría cuestionar ¿por qué la marca racial es la excusa “perfecta” para que
				haya un estigma y discriminación en contra personas negras/indígenas? La distinción
				y el simbolismo que la blanquitud carga es capaz de dictar no solamente los patrones
				aceptables de la sociedad, sino que cómo dicha asimétrica del capital racial
				cultural influye en posiciones de privilegio social, político y económico, por
				ejemplo. Si aún se centra en la hipótesis que todos los individuos cargan un capital
				cultural, o sea, significados, es necesario cuestionar en estas relaciones
				asimétricas de poder dónde la violencia tiene un carácter mucho más sutil ¿cuál es
				simbolismo que cargan las víctimas del sistema racista de las sociedades?</p>
			<p>Son dichas asimétricas de significados y simbolismos que cumplen la principal
				característica de la violencia simbólica. Es una violencia invisible incluso para
				las víctimas, que se va ejerciendo esencialmente a través de vías simbólicas y de
				comunicación, que pasan del desconocimiento al reconocimiento de dichas disparidades
				simbólicas y culturales y que, por fin, cumplen con su carácter de sentimiento y
				consentimiento. La violencia simbólica se incorpora en el discurso como una
				violencia incuestionable por el peso de los significados políticos, sociales y
				económicos de los individuos y el capital cultural que cada quien carga en sus
				simbologías y manifestaciones. Si es una violencia incuestionable, principalmente
				por las víctimas, es un hecho naturalizado y más difícil de combatir. Es una
				violencia sutil, que mucha de las veces pasa inadvertida y que se naturaliza por la
				connivencia, es decir cuando la violencia asume y es aceptada de manera relacional
				entre los distintos individuos.</p>
			<p> La última propuesta de <xref ref-type="bibr" rid="B3">Bourgois (2009)</xref> es la violencia normalizada. En esta característica, la violencia, la brutalidad y las violaciones son normalizadas como lógicas y resultados incuestionables del cotidiano. Es decir, cuando prácticas y discursos trivializan la violencia como una lógica natural a través de ciertos patrones sistemáticos. Se puede decir que la violencia normalizada es una etapa anterior a la simbólica. Cuando las víctimas aceptan la violencia normalizada como dogma ésta se torna simbólica. El término “violencia normalizada” es una adaptación al término acuñado por (Scheper-Huges, 1987 citado en <xref ref-type="bibr" rid="B3">Bourgois, 2009</xref>) sobre violencia cotidiana, cuando la antropóloga se preocupó en identificar una indiferencia social ante brutalidades institucionalizadas. Además, Bourgois recupera la hipótesis de Taussig, 1984; 1992 (en <xref ref-type="bibr" rid="B3">Bourgois, 2009</xref>) para afirmar que esta cultura de la violencia crea espacios susceptibles de normalización de la muerte y opresión.</p>
			<p> Además de las características funcionales abordadas y recuperadas por Bourgois, para una amplia comprensión de como la violencia es capaz de estructurar y organizas las relaciones sociales en el ámbito público, pero de igual manera en el privado, es de gran utilidad la propuesta de <xref ref-type="bibr" rid="B13">Veena Das (2007)</xref>. La autora sugiere que la violencia surge de las relaciones y que ésta, en su carácter estructurante, además de los eventos que resultan de su dinámica, permanece en la memoria de determinados grupos. Cuando Das sugiere esta característica de la violencia como memoria, lo que plantea es la memoria puede no ser simplemente remitir la violencia a un hecho concreto del pasado, sino cómo la memoria y la violencia permean en las acciones y relaciones del presente. Su ejemplo es que la violencia fue un hecho, la partición en India, las violaciones en contra mujeres, pero también es lo que permea las relaciones sociales actuales. La violencia, y aquí se podría abarcar todo lo planteado de Bourgois de las violencias invisibles, construyen atmosferas que involucran las relaciones sociales.</p>
			<p> Desde la concepción de Veena Das se podría cuestionar y analizar ¿cómo las víctimas de los conflictos armados permean las experiencias y relaciones de las comunidades racializadas y campesinas - que de alguna manera o de otra también cargan el capital racial en las relaciones de descivilización, después del Plan Colombia? ¿Cómo el trauma y el sufrimiento social de las “chacinas” (matanzas) en las favelas de Rio de Janeiro pueden ser vistas como constituyentes de experiencias, subjetividades y cotidiano? ¿Cómo las mujeres indígenas y afromexicanas han reaccionado a violencia estructural de sus geografías racializadas y como la violencia repercute y marca sus espacios sociales?</p>
			<p> El abordaje de Veena Das es importante para señalar que la violencia también constituye a los sujetos como sujetos concretos en relaciones profundas marcadas por la violencia y la subjetividad. Hay un paralelo sobre las discusiones abordadas por Bourgois de la violencia como continuo, normalizada y simbólica, y cómo estás se incorporan en los hechos concretos de la realidad social a través de una memoria movilizadora. La violencia, para Das ya no puede ser entendida simplemente como algo extraordinario, sino cómo un elemento que constituye realidades, subjetividades y cotidianos. Esta ecología del sufrimiento social, o del miedo, es referente de organización social. En este sentido, cuando se analiza la relación racismo-violencia es de igual manera importante y urgente rescatar cómo los grupos racializados y marginalizados han aprendido a vivir bajo este fondo de cultura de la violencia, cómo el extraordinario ya es ordinario.</p>
			<p> La propuesta de Das lleva a reflexionar que violencia como agencia y sujetos no son categorías disonantes. La violencia estructural, simbólica o normalizada son capaces de estimular la subjetividad en determinadas realidades concretas. Además, en estas experiencias de sufrimiento y de una cultura de la violencia, los sujetos poseen una capacidad de reaccionar, directa o indirectamente a estas estructuras elementales de violencia. Sobre esta última hipótesis, también es necesario apuntar que, incluso en la inercia de la no confrontación, ésta puede ser vista como una reacción al ordinario de la violencia, pues influye la necesidad de analizar como la subjetividad individual constituye los parámetros y dinámicas de las relaciones sociales consecuentemente.</p>
			<p>
				<xref ref-type="bibr" rid="B2"> Auyero y Álvarez (2014)</xref> aportan argumentos importantes para todo ese debate entre la relación coyuntural del racismo y violencia. El sociólogo y la pedagoga apuntan que, en la época del neoliberalismo, las ciudades están cada vez más fragmentadas y que este escenario proporciona la emergencia de una cadena de la violencia. Es decir, la violencia agudiza múltiples fenómenos mismo bajo la ausencia de una guerra controlada. Auyero apunta algunas características esenciales de la violencia: es omnipresente, castiga, disciplina, pero también organiza. Cuando analizan la violencia en los márgenes urbanos de Ingeniero Budge, los autores apuntan que el continuo de la violencia posee un efecto organizar y crea una ética del cuidado y responsabilidad que se manifiesta entre los proprios habitantes. Sea por la frustración o impotencia de los individuos, la violencia crea, directa o indirectamente, limites en las relaciones sociales para prevenir un daño mayor en determinadas estructuras.</p>
			<p>Cuando mencionan esta característica de las cadenas de la violencia, lo que proponen los autores es analizar las diferentes manifestaciones y consecuencias de cuando la violencia pública se traslada al espacio privado e íntimo. Violencia, miedo y trauma son elementos constitutivos y construidos en determinadas relaciones. El hacer violencia puede ser diferente en el ámbito privado, pero es un reflejo de como el “afuera” influye aquí “adentro”. La violencia es una actitud, una desposesión o, incluso, inclinación que no es tiene como simple objetivo provocar el daño. En muchos casos la violencia es una estrategia de protección para evitar daños mayores afuera y adentro, en el público y privado. Por lo tanto, en sus diferentes espacios, Auyero y Álvarez apuntan que la violencia es reguladora.</p>
			<p> La violencia estructural, invisible o visible, son marcadas por la producción, reproducción y circulación de valores, sentimientos, normas y obligaciones. Es decir, fenómenos de la violencia pública o privada crean marcos y significados dónde es posible definir los límites, consentimiento, normalidad o ilegalidad de la violencia. La economía moral de la violencia, los sentimientos, el trauma, la memoria, son expresiones socialmente mediadas (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Moctezuma, 2019</xref>). Como anteriormente señalado, la propuesta de Auyero y Álvarez es importante para reflexionar cómo el miedo y trauma también son fenómenos de reacción ante la violencia, pero que implican necesariamente una desmovilización social. Es decir, cuando la violencia influye en cambios de patrones en las relaciones sociales, donde el aislamiento en el ámbito privado en comunidades marcadas por la violencia continua y estructural es una reacción de prevención al daño.</p>
			<p> Para concluir, otra propuesta que <xref ref-type="bibr" rid="B3">Bourgois (2009)</xref> presenta es que la fragmentación cotidiana de las ciudades y la violencia como un continuo es resultado de la ideología liberal que impone la culpa de la violencia hacia las víctimas al mismo tiempo que oculta su característica estructural para imponerse como una lógica normalizada y simbólica. Es necesario comprender que la presencia discrecional del Estado en el ámbito social y fortalecida en su carácter punitivo por los intereses del capital bélico son particularidades que tiene una relación con la precarización de la vida, supervivencia y que influyen en los procesos de subjetividad y dominación provocados por la violencia. Eso es el efecto de la lógica más perversa de la violencia, ya que todos los individuos están sumergidos a una misma lógica de explotación y dominación, el neoliberalismo.</p>
		</sec>
		<sec sec-type="conclusions">
			<title>Conclusión</title>
			<p>Las teorías socio-antropológicas de la violencia son herramientas necesarias para comprender el vínculo directo de las violencias invisibles y visibles con el racismo. El ensayo buscó ofrecer las discusiones necesarias para que se reconozca los vínculos, raíces y omnipresencia de la violencia, para posteriormente, a través de inúmeros cuestionamientos entender como el racismo, que a su vez es también un fenómeno de organización social, política y económica, se entrecruza con las manifestaciones múltiples de la violencia e incluso en sus múltiples concepciones para provocar la fragmentación de espacios, pero que también deben ser vistas como claves para entender otras maneras de organización que van mucho más allá del daño. Las reflexiones sirven de base para apuntar como el trauma del racismo y de la violencia han movilizado grupos marginalizados a través a través de los distintos procesos de la violencia, sea su carácter simbólico y normalizado o la reflexión sobre la economia moral y la ética del cuidado de la violencia en regiones más precarizadas.</p>
			<p> De igual manera, no es un debate que se agota simplemente a través de los conceptos analíticos presentados. Sin embargo, las discusiones presentan un camino importante y necesario para entender este guisado de la violencia. Es decir, reflexionar los vínculos de la violencia íntima y o privada como resultado de una conexión directa con la violencia pública. Los conceptos pueden traer inúmeros cuestionamientos posteriores, como la forma altamente masculinizada de la violencia, si fuera más preciso hablar sobre una familiarización o más bien normalización de la violencia cuando se trata de un continuo en los márgenes urbanos. De todas formas, reflexiones y debates que no se agotan.</p>
			<p> Además, el ensayo es un provocativo para pensar como el racismo, así como otros campos de fuerza como el género, clase, sexualidad, no pueden ser vistos como fenómenos aislados de los procesos de violencia estructural, que por su vez permea sus simbolismos en el cotidiano. El racismo debe ser visto como una las estructuras proclives hacia la violencia en América Latina y que esté sistema ideológico, político y económicamente hablando, produce, lo que se podría nombrar, una violencia mimetizada. Es decir, el racismo se reproduce como una lógica estructural de la violencia física, simbólica o cotidiana en determinados espacios y eso implica necesariamente un despliegue hacia otras prácticas y organizaciones en el ámbito público y privado. </p>
			<p> Racismo y violencia no son experiencias individuales, son historias colectivas y de larga duración que dicen respecto a estructuras estables de la sociedad que remiten a una ocupación colonial de territorios que habla y justifica sobre la violación y dominio de determinadas comunidades. Las reflexiones traen respuestas y muchos cuestionamientos sobre cómo el racismo ha posibilitado estas violencias. Se buscó apuntar que las múltiples violencias funcionan a través de sistemas estructurados mutuamente constituidos por simbolismos y practicas llevadas a cabo por relaciones de poder asimétricas. Tanto en el racismo como en las violencias invisibles hay un patrón. Por omisión o acción, hay una política institucionalizada que promueve actos de violencia hacia cuerpos racializados. Además, esta cultura de la violencia genera secuelas que posibilitan una muerte física o simbólica. Si racismo es violencia, estos vínculos indispensables abren luz para entender fenómenos que generan, al mismo tiempo una muerte prematura y violenta, pero que también constituye subjetividad. Por fin, las reflexiones son necesarias para traer el invisible al visible, interpretar lo no indescifrable y combatir lo incompatible.</p>
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